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Columnistas | PUBLICADO EL 19 enero 2022

¡Ni que fuéramos colonia!

Por maría clara ospina redaccion@elcolombiano.com.co

¡Por favor, que alguien le diga a Gustavo Petro que Colombia ya no es colonia española! El candidato de Colombia Humana está confundido y cree que aún somos territorio de la Corona española y anda buscando beneplácito de los dirigentes ibéricos para su candidatura presidencial.

Supuestamente, el pueblo colombiano debe quedar “descrestado” con las alfombras rojas que le extendieron al exguerrillero en nuestra madre patria. ¡Y valga Dios que fueron “rojas”! Porque más rojo que Enrique Santiago, secretario del Partido Comunista Español y negociador de los sangrientos narcotraficantes de las Farc, es difícil. Este comunista encabezó la lista de anfitriones mamertos “enamorados” de Petro en la península.

Hoy, a nadie le quedan dudas sobre la posición ideológica de Petro: es comunista, simple y llanamente comunista, de los que nacionalizan hasta el “nido de la perra”, persiguen la propiedad privada —aun a las pequeñas propiedades, las tienditas, el terrenito que usted compró con tanto esfuerzo o que heredó de su abuelo—, de los que confiscan herencias, persiguen toda iniciativa privada, la libertad de expresión, el culto religioso, la libertad en todos los aspectos de la vida.

Para los que lo dudaban, ya saben, Petro se ha destapado como el comunista que siempre ha sido, igualito a los que sometieron a gran parte de Europa occidental tras la cortina de hierro soviética. Comunista como el gobierno de Cuba, que ha mantenido atrasado, hambriento, sometido y pobre a su pueblo por más de 60 años. Se acabó su famoso socialismo del siglo XXI, Petro es comunista puro. No en vano lo apoyan emocionados los partidos comunistas de España y Francia. Ya vimos cómo los rojos de España lo adoran.

Yo me pregunto, ¿cuánto dinero del comunismo europeo esta financiando la campaña del exguerrillero? Yo diría que mucho.

Quizás su viaje a la península Ibérica, dizque a lanzar su campaña presidencial, fue una simple cortina de humo para tapar los motivos reales de su visita. Quizás fue, simplemente, a recoger dinero para financiar su campaña. Ese dinero y lo que, seguramente, le llega de Nicolás Maduro debe ser suficiente. Porque Maduro, así esté en la ruina, siempre tendrá dinero para tratar de desestabilizar a Colombia.

Seamos realistas, Latinoamérica está a pocos pasos, o mejor dicho: a pocos países, de convertirse en un baluarte de la extrema izquierda y Colombia es el bocado más apetecido.

Los comunistas saben que deben aprovechar el momento. La ola de descontento generalizado —causado por las penurias debidas a la pandemia—, los escándalos de corrupción desmoralizantes y vergonzosos, la falta de liderazgo en el continente y una juventud empoderada y salida de cauce son poderosas armas contra la estabilidad democrática.

Nunca la izquierda furibunda había tenido una mejor oportunidad de tomarse un continente. Nunca había tenido un mejor momento de tomarse la democracia colombiana.

Pero hay algo peor: Indra, empresa privada española, fue contratada por la Registraduría Nacional, el 29 de diciembre, en medio de las fiestas, para hacer el escrutinio nacional de los votos de las próximas jornadas electorales. Indra es la misma compañía que ha hecho el escrutinio de votos de Chaves y Maduro en Venezuela y que ha sido demandada por irregularidades en las elecciones de EE. UU. Ojo: ¿tendría algo que ver el viaje de Petro con Indra? 

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