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Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.
En un gobierno que prometió austeridad, la estrategia de enfrentar las acusaciones de corrupción con alaridos no da resultado.
Por David E. Santos Gómez - davidsantos82@hotmail.com
Los escándalos de corrupción del gobierno de Javier Milei se acumulan uno tras otro mientras el presidente, enfurecido y a gritos contra aquellos que hacen las denuncias, decide apoyar a los suyos, acusados de coimas, malversación de fondos, abuso de la función pública y tráfico de influencias. El presidente, frente al abismo, acelera.
La popularidad del libertario cae. Según encuestas recogidas por el Financial Times, hoy el 63 por ciento de los argentinos desaprueba el manejo del país. La Casa Rosada insiste en que todo es culpa de los otros, del kirchnerismo, de los medios, o de aquellos que fueron fieles, pero ahora considera traicioneros.
Sobre el enorme escándalo de la criptomoneda $LIBRA y las graves acusaciones de cobro de coimas contra su hermana Karina Milei (a la que el presidente denomina “El Jefe”) ahora sobresalen las investigaciones por enriquecimiento ilícito del jefe del Gabinete de Ministros, Manuel Adorni, un periodista amigable que dejó su puesto en los medios para ser vocero presidencial y ocupar diferentes cargos en el Ejecutivo. Hasta hace muy poco era la gran estrella libertaria y la punta de lanza de un discurso agresivo contra los adversarios y los medios de comunicación que cuestionaban al gobierno. Pero la tortilla se dio vuelta. En el último mes salieron a la luz facturas y declaraciones de empresarios que revelan cómo Adorni se da la gran vida con cantidades asombrosas de dólares que no puede justificar. De tener ingresos medianos para un funcionario público el ministro pasó a viajar en aviones privados con su familia y a comprar lujosas viviendas y renovarlas con fajos de billetes en efectivo. En una de sus nuevas casas adaptó una piscina climatizada, instaló un jacuzzi y construyó una cascada en el jardín.
Ante las preguntas que indagaban sobre el origen de los recursos la presidencia argentina tuvo la valiente idea de prohibir el ingreso de todos los periodistas por varios días. El escándalo, por supuesto, no hizo más que aumentar.
El Congreso interrogó al funcionario hace unas semanas y el presidente lo acompañó. Mete las manos en el fuego por él. La sesión se diluyó entre insultos en un debate cuyo nivel daba vergüenza. El ministro, confundido, fue incapaz de dar explicaciones convincentes sobre el origen de su repentina riqueza. Al final, por el pasillo que sale del recinto, Milei fue abordado por periodistas: “¿Presidente, alcanza lo que dijo Adorni para explicar todo?”. Visiblemente afectado respondió a los gritos: “¡Es suficiente! ¡Chorros! (ladrones)”.
En un gobierno que prometió una motosierra para desmantelar el gasto estatal, que juró una austeridad monástica y efectuó recortes brutales contra jubilados, profesores y médicos, la estrategia de enfrentar las acusaciones de corrupción con alaridos no da resultado. Su otra maniobra es viajar. Así que tomó el avión y se fue para Estados Unidos (país que ha visitado 17 veces en dos años y medio) donde distribuye sus días entre discursos, conferencias e invitaciones. Mientras tanto la casa arde.
Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.