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Por Orlando León Arenas Madrigal - opinion@elcolombiano.com.co
Con respecto al artículo publicado en EL COLOMBIANO sobre la radicación de un referendo por parte de la senadora Andrea Padilla - autodenominada senadora animalista - para prohibir los espectáculos con animales, entre ellos las corridas de toros, sale a flote la que ya se está volviendo costumbre en este gobierno y en casi todos los ámbitos de su actuar: mi cosmovisión, por no decir mis caprichos, impuestos a cualquier precio. Solo por hacer historia reciente, en las dos últimas legislaturas se han hundido en Cámara y Senado por votos en contra, los proyectos de prohibición de las corridas de toros radicados por dicha senadora y por el representante Juan Carlos Losada. Conforme a múltiples sentencias de la Corte Constitucional, es tarea del legislador prohibir o permitir este tipo de espectáculos y ha decidido con su debate y sus votos, permitirlos. Pero como es contrario a la cosmovisión de la senadora, entonces ella pretende imponer su parecer acudiendo a un referendo popular, olvidando o haciéndose que olvida la sentencia SU-056/2018 de la Corte Constitucional, que expresa : “la consulta popular no puede servir de instrumento para imponer una determinada cosmovisión sobre un asunto que hace parte del acervo patrimonial de la nación” y también expresa... “no es posible someter la práctica de una costumbre social, de una expresión artística o una manifestación cultural a la aprobación de las mayorías sin violar el principio de tolerancia que le sirve de fundamento y de la neutralidad de cosmovisión del Estado. Así, partiendo del supuesto de que el espectáculo taurino es actualmente una práctica permitida por la Constitución, concluye que éste no podía ser objeto de una consulta popular”. La Sra. Padilla es legisladora y debería conocer y reconocer que en función de imponer su cosmovisión somete la democracia a un desgaste arbitrario e injusto. Pretende abrir la puerta de la dictadura de “mi pensamiento individual” en una sociedad que hasta hoy ha sido plural y libre y que así debe permanecer. Pésimo mensaje para una sociedad y especialmente para un gobierno que pregona ser de todos y todas, pero que en la práctica intenta excluir y prohibir a quien piensa y vive distinto.