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¿Tocó elegir entre comunismo, homofobia y machismo?

hace 3 horas
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  • ¿Tocó elegir entre comunismo, homofobia y machismo?

Por Melquisedec Torres - @Melquisedec70

Como periodista, he cubierto elecciones desde 1990, en las que hemos votado entre el narco terrorismo de Pablo Escobar, la plata a raudales del Cartel de Cali para Samper, las ilusiones de paz con Pastrana, la reacción desesperada del país con Uribe ante el poder de las Farc y los deseos de cambio encarnados en Petro y Rodolfo en las más recientes. Y no recuerdo un momento electoral más confuso y riesgoso que el de hoy.

En un entorno más o menos normal, dos personajes tan disímiles ideológicamente y, a su vez, tan parecidos en su cariz antidemocrático como Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella tendrían pocas o nulas posibilidades de ser presidentes de Colombia. Al igual que la estrella de la buena suerte de Santos en 2010 y Duque en 2018 con y por Uribe, Cepeda hoy goza del enorme beneficio de contar con el apoyo de un presidente exótico, descachalandrado, populista, de discurso barato enrevesado con presunta sapiencia, derrochador de dinero público, irresponsable, inmoral y sin respeto hacia las instituciones como Petro. Y así sostiene una popularidad de poco más de la tercera parte de los colombianos, no la mayoría pero sí suficiente para impulsar a su candidato, sin importar que este no improvise un saludo, lea todas sus intervenciones, solo acepte entrevistas cómoda, carezca de toda simpatía o carisma al igual que de nivel de estadista y más aún de experiencia en la cosa pública, no más allá de la defensa acérrima de víctimas del paramilitarismo (nunca de las guerrillas), y hacer de abogado de oficio de terroristas. Siempre con la fachada de la paz. Nacido, criado y formado desde y hacia las fuentes del comunismo, ay de quien se atreva a recordarle que es hijo de uno de los fundadores de las Farc-EP desde la dirección del Partido Comunista, Manuel Cepeda Vargas, un radical defensor de la criminal “combinación de todas las formas de lucha”.

Abelardo “DeLaEspriellaStyle” es el otro extremo: abogado penalista fantoche, filipichín en extraña mezcla cachaca y costeña, arrogante y negociante, veleidoso y opaco en sus antecedentes, tanto desde las empresas de que se ufana haber creado como en sus rimbombantes defensas penales, en las que la delgada línea entre ser solo el abogado y llegar a socio la ha roto en muchos de sus sonoros procesos, como DMG, Alex Saab, jefes paramilitares y políticos aliados de estos. Y si no bastase, posa de “extrema coherencia” pese a que su opinión ha girado 180 grados – apenas se sintió candidato - sobre temas morales, teológicos, penales, políticos y sociales, incluso gastronómicos. Si hace pocos años posaba de liberal en discusiones de derechos de minorías, escribía densos “tratados” para orientar la paz de Santos o se reía por matar gatitos, hoy él y su campaña han sido prolíficos y agresivos en ataques homofóbicos, machistas y misóginos, y con amenazas de censura a quienes osamos cuestionarle su pasado y sus incoherencias.

¿Estamos condenados a escoger entre estos dos extremos, cuya única certeza que nos dan es que representan un peligro para la democracia? No, por supuesto que no. Me niego a aceptarlo y así depositaré mi voto, esperando que no empiece a morir nuestra ya endeble democracia.

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