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Las listas cerradas, coinciden muchos politólogos – no los políticos – son el muro contra la corrupción.
Por Melquisedec Torres - @Melquisedec70
“¿Qué estaban fumando los que aprobaron esto?”. Esa frase se escuchó el 4 de junio de 2003 cuando el Congreso discutía la reforma política que terminó aprobándose como Acto Legislativo 01 de 2003, con la cual se buscaba orden, seriedad y, en teoría, democracia interna de los partidos políticos. En esa época surgían decenas de grupitos políticos convertidos en “partidos”, fenómeno que el expresidente López Michelsen llamaba “operación avispa”, esto es dividir los votos en mayor número de candidatos para lograr, al final, más votos.
Pero se cometió un craso error que ha sido el germen de toda la corrupción electoral y, por ese camino, de todo el Estado: no se eliminaron las listas abiertas o de voto preferente, aunque se permitió la opción de lista cerrada. A eso se refirió ese día el entonces ministro del Interior y de Justicia (eran uno solo), Fernando Londoño Hoyos, el hombre más poderoso y de mayor capacidad que tuvo el presidente Uribe. La frase, que generó molestia a tal punto que le abrieron moción de censura, se encaminaba a que el fin último de toda la reforma era ese, que todas las listas a corporaciones públicas fuesen cerradas.
Pero la politiquería, intereses personales de los congresistas y afán de mantener las microempresas políticas impidieron concretar esa idea en la Constitución. Las listas cerradas, coinciden muchos politólogos – no los políticos – son el muro contra la corrupción. Lo ha dicho Sergio Fajardo, “como se elige se gobierna”; si para que me elijan gasto mucho dinero, esa “inversión” se devolverá con contratos torcido o alto volumen de burocracia. ¿O cómo se explica que se “inviertan” $5 mil millones o $10 mil millones, o más, para una curul en Senado o Cámara? ¿De dónde salen paquetes de $400 millones que descubre la Policía en carros al lado de publicidad electoral?
Curiosamente, los dos partidos más fuertes y rivales hoy en Colombia, Centro Democrático y Pacto Histórico, sí creen lo mismo que Londoño: que las listas cerradas son el mejor mecanismo anticorrupción. Y son más eficaces en elecciones; se vota por un partido, por unas ideas, más que por nombres individuales.
Por ello urge una reforma política, como la de 2003, eso sí sin fumar nada raro para:
· Hacer obligatorias las listas cerradas
· Requisitos mucho más altos para existencia de un partido
· Verdadera democracia interna con candidatos elegidos en votaciones internas de militantes carnetizados (sin gastar recursos públicos en consultas) y sin directivos (dueños) eternos
· Financiación 100% estatal de campañas
· Reducir tiempo de campañas a máximo 2 meses
· Reformar el CNE con nivel altamente técnico (sin origen en partidos) y modernizar el Código Electoral (que cumple 40 años)
El caos estos días con demandas entre partidos, revocatorias, fusiones y escisiones, consultas que no se respetan y jefes de partidos casi vitalicios (Gaviria) o con poderes casi omnímodos (Uribe), obligan a que el nuevo gobierno y el Congreso impulsen, como prioridad, esa gran reforma. Lo demás vendrá por añadidura.
PD. Votemos en paz, libremente y bajo la consciencia de que hoy se juega el primer tiempo de un partido que, si no elegimos bien, saldrá muy largo y perderemos el país por goleada.