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Los Gripen: ¿negocio de Estado, capricho o torcido?

Esta compra no fortalece la defensa; la hipoteca. Es un despilfarro ideológico que prioriza antiimperialismo sobre eficiencia. Petro, crítico del armamentismo, gasta fortunas en el negocio sueco mientras salud y educación colapsan”.

hace 3 horas
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EL COLOMBIANO

El escándalo de la compra de 17 aviones Gripen por parte del gobierno colombiano ya vuela a proporciones grotescas, convirtiéndose en un espejo brutal de la opacidad y el cinismo que caracterizan la gestión de Gustavo Petro.

Colombia necesita modernizar su Fuerza Aérea, obsoleta tras décadas de Kfir israelíes, sin duda. En la carrera competían el F-16 Block 70 de Lockheed Martin, el Rafale francés y el Gripen sueco de Saab. Petro, en su afán por desmarcarse de Washington, optó por el Gripen, alabándolo como “comparable al F-35” y más barato. Pero los números desmontan esta fábula. La oferta inicial de Saab en 2022 era de 10 billones de pesos por aeronaves “competentes y de alto rendimiento”, según su propio CEO, Micael Johansson. Hoy, el contrato asciende a 13,4 billones: un sobrecosto de 3,4 billones, equivalente a US$900-1.200 millones. ¿Inflación? No. El euro en diciembre de 2022 valía 18,5% más que ahora, y Saab ofrecía 1.950 millones de euros entonces; ahora pide 3.100. Esto no es ajuste cambiario; es un asalto a velocidad supersónica.

Peor aún, el gobierno rechazó una propuesta formal de F-16C/D Block 70: 16 aviones nuevos por US$3.137 millones (US$196 millones por unidad, con misiles HARM y Harpoon incluidos), extensible a 17 por US$3.245 millones. ¡US$407 millones menos que los Gripen! Estos F-16, con radar AESA AN/APG-83, vida útil de 12.000 horas y probados en Ucrania, Israel y Pakistán, son superiores en potencia, carga de armas y radio de combate. El Gripen es un diseño de los 80s con solo 100 unidades vendidas (a Suecia, Brasil y Tailandia), y solo ha tenido un breve combate real; su versión biplaza (Gripen F) está en desarrollo, y su certificación de armamento aire-superficie se retrasa hasta 2027. ¿Y el costo operativo? Petro lo vende como “barato” (US$6.000/hora), pero la FAC estima US$7.500-8.000, cerca del F-16 (US$9.500-10.000), sin contar reabastecimiento extra por su corto alcance.

Petro miente descaradamente. Afirma que los F-16 eran “de segunda y tercera mano”, pero el documento oficial dice “NUEVOS DE PRODUCCIÓN”. ¿Por qué ignorar esta oferta? Fuentes expertas en defensa latinoamericana apuntan a favoritismos inexplicables. Saab, con su “smart fighter” pelado que se encarece al agregar “juguetes”, termina costando US$215 millones por unidad: más que un Rafale o F-15X. Comparen: Eslovaquia pagó US$135 millones por F-16 completos; Emiratos, US$215 por Rafale. Ñ

El Mindefensa no entrega documentos a la Contraloría, alegando “reserva” y propone mesas de diálogo. Mientras, la FAC promociona videos de interoperabilidad con el KC-767, pero omite el detalle: sin motores GE estadounidenses —vetados por la tensión Petro-Trump—, los Gripen podrían no volar.

Esta compra no fortalece la defensa; la hipoteca. Es un despilfarro ideológico que prioriza antiimperialismo sobre eficiencia. Petro, crítico del armamentismo, gasta fortunas en el negocio sueco mientras salud y educación colapsan.

Y mientras tanto, Verónica Alcocer se pasea por los costosísimos almacenes de Estocolmo de la mano de uno de los más oscuros y estratégicos amigos de la pareja presidencial, el catalán Manuel Grau. La conexión sueca corre.

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