Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8
Cuando está en juego el rumbo de la Nación, antes que las ambiciones, deben prevalecer las responsabilidades.
Por María Clara Posada Caicedo - @MaclaPosada
Hay momentos en la vida de una democracia en los que las decisiones no pueden medirse por el brillo de una victoria individual, sino por la utilidad que representan para la República. La próxima elección de la presidencia del Congreso es una de esas ocasiones. No se trata de distribuir dignidades ni de satisfacer aspiraciones personales. Se trata de decidir quién está mejor preparado para conducir una institución llamada a ejercer uno de los principales contrapesos del poder en una nueva etapa nacional.
Durante cuatro años el Centro Democrático asumió una responsabilidad que pocos quisieron cargar. Enfrentó desde el Congreso un gobierno errático, arbitrario, poco respetuoso de la institucionalidad e incapaz de administrar asuntos esenciales del Estado. Lo hizo cuando resultaba más cómodo guardar silencio o mimetizarse en mayorías. Sus congresistas eligieron el camino difícil: estudiar, argumentar, denunciar y resistir. No improvisaron una oposición; la construyeron debate tras debate, soportando descalificaciones, amenazas y el costo personal que implica sostener convicciones cuando soplan vientos en contra. Algunos pagaron un precio inmenso. Basta recordar a Miguel Uribe, cuya firmeza frente al poder terminó convirtiéndolo en símbolo del valor cívico. Aquella generación entendió que la defensa de las instituciones exige carácter, serenidad y la disposición de asumir riesgos que ningún cálculo electoral alcanza a justificar.
La próxima legislatura tampoco será sencilla. Colombia necesita una conducción que no llegue a descubrir los problemas cuando ocupe la dignidad, sino con el conocimiento acumulado de haberlos estudiado, denunciado y debatido durante cuatro años. El Centro Democrático no arriba al Senado para enterarse de lo que ocurrió en el país. Llega después de recorrer grandes debates nacionales, advertir riesgos antes de que se materializaran y señalar, con argumentos y evidencia, equivocaciones del poder. No existe un solo sector de la vida pública en el que no hubiera ejercido vigilancia y control. Seguridad, economía, salud, energía, educación, relaciones internacionales e instituciones fueron objeto permanente de escrutinio. Ese conocimiento constituye hoy un activo político invaluable.
Presidir el Senado no consiste únicamente en conducir sesiones. Consiste en saber qué reformas deben impulsarse, cuáles errores no pueden repetirse y cuándo resulta indispensable levantar la voz cuando el rumbo vuelve a apartarse del interés nacional. Las naciones no eligen a sus conductores para que aprendan durante la tormenta, sino porque ya conocen el mapa, los arrecifes y la fuerza del oleaje. Abraham Lincoln advertía que, si se quiere conocer a un hombre, basta conferirle poder. La historia confirma esa intuición. El poder no transforma el carácter; simplemente lo revela. Revela si alguien entiende la responsabilidad pública como un servicio a unos principios o como instrumento para satisfacer expectativas personales. El Centro Democrático nació para defender ideas: seguridad, confianza inversionista, cohesión social, diálogo popular, austeridad del Estado y respeto por la institucionalidad. Esos principios han valido más que cualquier nombre propio. Las decisiones estratégicas deben responder al interés colectivo y no a impulsos pasajeros.
La bancada más numerosa del Senado tiene una oportunidad que trasciende la aritmética parlamentaria. Liderar esa corporación el primer año significa poner al frente de la principal cámara política del país a quienes ya demostraron que saben ejercer el control, preservar la dignidad institucional y enfrentar tempestades con serenidad. No porque crean tener privilegio, sino porque ya hicieron el trabajo más difícil: conocer a fondo los problemas de Colombia mientras tuvieron el coraje de denunciarlos. Cuando está en juego el rumbo de la Nación, antes que las ambiciones deben prevalecer las responsabilidades.