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Turismo: nuestra carta de navegación hacia el futuro

El turismo en Medellín y Antioquia debe ser entendido y declarado como una misión, una vocación territorial que nos una alrededor del desarrollo y el bienestar para nuestras empresas y para miles de ciudadanos.

12 de mayo de 2025
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  • Turismo: nuestra carta de navegación hacia el futuro
  • Turismo: nuestra carta de navegación hacia el futuro

Por María Bibiana Botero Carrera - @mariabbotero

Medellín y Antioquia tienen ante sí un anhelo ambicioso y urgente: consolidarnos como un destino turístico de talla mundial. El turismo, al que identificamos inicialmente como una industria emergente, es hoy una palanca real de desarrollo económico, inclusión social y orgullo territorial. No es cuestión de vanidad, es una realidad que impacta positivamente a nuestra economía.

De acuerdo con la información publicada por el Sistema de Inteligencia Turística de Medellín, nuestra región recibe cerca de 1.1 millones de visitantes no residentes al año, que se quedan en promedio 4.2 días y gastan alrededor de 179 dólares durante su estadía. Cifras que, si bien reflejan avances, no están a la altura del potencial que tenemos. Necesitamos más turistas, que gasten más y se queden más tiempo.

Para lograrlo debemos trabajar juntos, el camino va más allá de la creación de slogans o campañas que se gestionen de manera aislada. La estrategia y el ecosistema de Medellín deben integrarse de manera contundente a Antioquia. Esta visión compartida se hará realidad si contamos con el concurso de operadores turísticos y logísticos, cámaras de comercio, cajas de compensación, los gremios, no solo del turismo, sino del entretenimiento, la salud y tantos otros que se conectan con la industria y, por supuesto, los gobiernos. Es un compromiso colectivo.

Desde Proantioquia estamos enfocados en construir sobre lo construido y aportar una visión desde la posibilidad, involucrarnos y contribuir de la mano de múltiples actores al diseño de una hoja de ruta que articule capacidades, cierre brechas, y conecte vocaciones territoriales con oportunidades reales. Nuestro campo de acción es el futuro.

Cada vez es más urgente una estructura metodológica sólida, capaz de activar proyectos concretos, con una visión 360° que integre turismo urbano, rural, cultural, ecológico, corporativo y comunitario. En este contexto se hace más necesaria una gobernanza efectiva, integración ciudad-región, infraestructura habilitante y posicionamiento del producto que tenemos. Contar con información oportuna y veraz debe ser el punto de partida para tomar mejores decisiones.

Pero esta tarea no es solo de las instituciones. El turismo debe ser una causa ciudadana, un orgullo de nuestra economía, una ventana abierta al mundo. Porque cada ciudadano es anfitrión, cada barrio es una oportunidad y cada interacción es parte de la experiencia que Medellín y Antioquia ofrecen al mundo.

Creemos en un turismo que deje valor, genere empleo digno, reduzca la pobreza y contribuya a nuestra competitividad regional. Para eso, necesitamos articulación, inversión, medición rigurosa y ciudadanía comprometida. En esta apuesta, el sueño de hacer de Antioquia un destino de talla mundial no es un lujo: es una decisión. Y como toda estrategia, requiere visión, métricas y liderazgo.

El turismo es mucho más que un fenómeno de ocasión: es nuestra carta de navegación hacia el futuro. El turismo en Medellín y Antioquia debe ser entendido y declarado como una misión, una vocación territorial que nos una al rededor del desarrollo y el bienestar para nuestras empresas y para miles de ciudadanos.

Presidenta Ejecutiva Proantioquia

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María Clara Posada Caicedo

Jean-François Revel advertía en El conocimiento inútil que una de las paradojas centrales de la modernidad es esta: nunca hubo tanta información disponible y, sin embargo, nunca fue tan fácil mentir con éxito. Para Revel, el mundo no se mueve por la ignorancia sino por la manipulación consciente del conocimiento. La mentira prospera cuando se reviste de ideología, cuando se presenta como una “verdad superior” que pretende corregir o sustituir a la realidad. Allí nace lo que él llama la inutilidad del conocimiento: los hechos están, pero no importan si contradicen el dogma.

Esa lógica no surge de la nada. Tiene antecedentes explícitos en la tradición revolucionaria. León Trotski lo formuló sin ambigüedades al sostener que no se tiene derecho a decir toda la verdad cuando esta debilita a la revolución, una paráfrasis fiel de su concepción instrumental de la verdad política. Iósif Stalin fue todavía más brutal al afirmar que las ideas son más poderosas que los hechos. No se trata de frases aisladas ni de provocaciones retóricas, sino de una doctrina: la verdad deja de ser un valor y se convierte en un medio subordinado a la causa.

Revel sostenía que esa mentalidad es particularmente visible en cierta izquierda que no discute la realidad sino que la reescribe. Esa, que no busca comprobar, sino confirmar. Frente a la verdad empírica, levanta una verdad ideológica moldeada por sesgos, resentimientos, odios y una convicción moral que se cree autorizada a falsear porque se auto-percibe del “lado correcto de la historia”. La mentira deja de ser un problema ético y se vuelve una herramienta política.

Ese patrón se hace evidente en el comportamiento del candidato del continuismo, Iván Cepeda, frente al expresidente Álvaro Uribe Vélez. No se trata aquí de una diferencia de opiniones o de una controversia ideológica legítima. Se trata de una contradicción vulgar entre lo que Cepeda afirma bajo juramento en los estrados judiciales y lo que declara sin pudor en escenarios mediáticos internacionales.

El abogado del expresidente, Jaime Granados Peña, lo ha expuesto con claridad: Cuando Cepeda fue contrainterrogado en juicio y enfrentado a la gravedad del juramento, tuvo que admitir que no le constaba ningún hecho que comprometiera penalmente a Uribe. Nada. Ninguna prueba. Ningún conocimiento cierto. Solo conjeturas. Sin embargo, lejos de contextos con consecuencias legales, Cepeda reaparece en España acusando al presidente de haber construido su poder económico en relación con el narcotráfico. La diferencia entre ambos escenarios es reveladora. Ante los jueces, la verdad fáctica se impone. Ante los micrófonos, la ideología se desborda. Es exactamente el fenómeno que describía Revel y que Trotski y Stalin asumieron como principio: cuando la causa lo exige, los hechos estorban.

Granados añade otro elemento que Cepeda omite deliberadamente en sus discursos internacionales. El expresidente Uribe fue exonerado por el Tribunal Superior de Bogotá, que revocó una decisión injusta y lo declaró inocente. También recuerda que el caso de Santiago Uribe tuvo una absolución que hoy se encuentra en discusión jurídica, sujeta a impugnación ante la Corte Suprema de Justicia. Esos datos existen. Son públicos. Pero no encajan en el relato del stalinismo del siglo XXI. Aquí no estamos ante un error. Estamos ante una estrategia en la que se dice una cosa donde hay sanción y otra donde no la hay. Se callan los hechos que incomodan y se amplifican las acusaciones que alimentan el prejuicio. Eso, en términos de Revel, no es ignorancia. Es una forma activa de mentira.

Colombia paga un alto precio cuando la política adopta esta lógica y las elecciones se someten a ese vaivén. Porque cuando la verdad deja de importar, todo se vuelve sospechoso. Y cuando la ideología se cree con derecho a sustituir los hechos, la democracia se resquebraja. Revel lo advirtió hace décadas. Trotski y Stalin lo proclamaron sin pudor. Hoy, tristemente, lo experimentamos en carne propia con nuestra versión Temu, en Cepeda -el neotrostkiano.

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