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Por Luis Fernando Álvarez Jaramillo - lfalvarezj@gmail.com
Los colombianos solemos inventar mecanismos y procedimientos para cubrir nuestra negligencia, intolerancia y egoísmo. Por eso tenemos una democracia costosa e ineficiente.
En el año 1991 el gobierno de aquel entonces, dando cumplimiento a un mandato proveniente de un grupo relativamente minoritario, ejerciendo competencias que no le estaban atribuidas expresamente por la Constitución, decidió convocar una asamblea constitucional, después denominada constituyente, para reformar la Constitución, desconociendo el mandato contenido en la propia Constitución, que disponía expresamente que la misma solo podía ser reformada por el Congreso mediante Acto Legislativo. Como el Parlamento no fue capaz de llegar a acuerdos razonables, esa facultad se suple acudiendo a la voluntad general de los ciudadanos de convocar una asamblea constituyente.
La incapacidad del legislativo se supera inventando una asamblea. Además, para evitar discusiones sobre su legitimidad y legalidad, la propia asamblea, a través del artículo transitorio 59, decidió afirmar que sus decisiones no eran susceptibles de ningún control judicial.
La Constitución no podía regular el sistema de partidos, porque en técnica constitucional éste es un asunto de política real, no susceptible de regulación formal. En cambio, reguló el sistema electoral, de manera que indirectamente resultó implementando un modelo pluripartidista, no por disposición expresa, sino como consecuencia de la regulación del sistema electoral. El constituyente del 91, como una reacción contra el bipartidismo histórico, da nacimiento formal al pluripartidismo, modelo añorado y considerado necesario para el florecimiento de la democracia.
El esquema normativo de la Carta se orientó hacia el fortalecimiento del sistema multipartidista, para de esa manera ampliar los espacios de participación política, una de las motivaciones para expedir una nueva Constitución. Sin embargo, como todo lo nuestro, el constituyente olvidó que el florecimiento del pluripartidismo exigía la creación y actuación de partidos institucionales, grandes, con estructuras estables, filosofía política profunda y actividad permanente. El gran fracaso del sistema pluripartidista está en la falta de partidos verdaderamente institucionalizados. Más que partidos, lo que hay son movimientos políticos personalizados, individualizados alrededor de un líder. Esto significa que se trata de organizaciones sin real disciplina, sin reglas claras para tomas decisiones.
Esta nueva muestra de incapacidad, egoísmo y preponderancia de intereses personales, hace que los mal llamados partidos sean reemplazados por movimientos individualizados, incapaces de tomar decisiones vinculantes para todo su conglomerado.
Ante esta muestra de inmadurez democrática, las leyes electorales se inventaron las famosas consultas para escoger candidatos. Lo más grave no son las consultas, sino el hecho de que se convirtieron en un instrumento costoso e imperfeto para suplir el trabajo de partidos fuertes y estables.
En la actualidad política, en Colombia el presidente se escoge en 4 rondas (caso único en el mundo): Primera, la consulta de octubre; segunda, la consulta de marzo; tercera, la primera vuelta para elegir Presidente; cuarta, la segunda vuelta para elegir presidente. Estos procedimientos los pagamos los ciudadanos, asumiendo los costos de cada evento, y mediante el pago, por reposición de votos, a quienes intervienen en cada instancia.