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Por Lucy Osorno - opinion@elcolombiano.com.co

Otra elección, otro país

Interpretar bien a Colombia no es gritar más fuerte ni parecer más antisistema. Es entender que la gente quiere certezas, no experimentos.

hace 3 horas
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  • Otra elección, otro país

Por Lucy Osorno - opinion@elcolombiano.com.co

Mauricio Vargas, en su columna de El Tiempo de este domingo, plantea una supuesta similitud entre la elección de 2022 y el momento actual, comparando a Paloma Valencia con Federico Gutiérrez. Pero esa lectura, aunque sugerente, parte de una premisa equivocada.

Paloma no es Fico. En nada. Empezando por lo más evidente: tiene detrás a Álvaro Uribe Vélez, un liderazgo que, lejos de esconderse, hoy vuelve a ser activo y determinante. Fico, en su momento, hizo todo lo posible por marcar distancia. Paloma, en cambio, asume sus cargas, su historia y su identidad política sin complejos.

Y si de comparaciones se trata, tampoco aplica el paralelo con Rodolfo Hernández. El ingeniero que terminó sacando a Fico de la segunda vuelta era un outsider, sí, pero también un empresario exitoso, exalcalde y, sobre todo, una figura que sorprendía porque era desconocida para muchos. Ese fenómeno no se repite hoy.

Pretender equiparar eso con la candidatura de Abelardo de la Espriella es forzado. A De la Espriella todo el mundo lo conoce. No hay novedad, no hay factor sorpresa. Su narrativa de outsider llega tarde a un país que ya vivió ese experimento.

Pero hay una diferencia aún más profunda que desmonta la comparación: la fórmula vicepresidencial.

En 2022, ni Rodrigo Lara Sánchez ni Marelen Castillo lograron aportar tracción real. No sumaban votos, no generaban emoción, no encarnaban una idea fuerza ni tenían un peso decisivo como figuras públicas en ese momento de la campaña.

Hoy, en cambio, Juan Daniel Oviedo es otra historia. Es diferencia creativa. Es la esperanza vestida de razones y sabiduría. No solo amplía la base, sino que conecta con sectores que estaban por fuera de la conversación. No es un complemento: es un multiplicador.

Y ahí está el segundo gran error de análisis: creer que Colombia es la misma de hace cuatro años.

No lo es. En 2022, el país votó con rabia. Buscaba castigar, romper, cambiar. Hoy, después de ese salto al vacío, el sentimiento es distinto: hay cansancio, hay incertidumbre y, sobre todo, una necesidad creciente de volver a lo seguro. Incluso quienes cuestionaron a Uribe hoy reconocen que el “experimento” no salió como esperaban.

El péndulo cambió.

Colombia no está en modo outsider. Está en modo estabilidad. En ese escenario, el mensaje de fórmula entre Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo resulta profundamente acertado: “aquí cabemos todos”. No es una consigna vacía, es una lectura correcta del momento país. Unión, amplitud, experiencia y vocación de lo público.

Mientras tanto, otros parecen atrapados en el libreto de 2022. Intentan replicar una campaña que respondió a otro contexto, a otro ánimo social, a otro país. Pero las campañas no se copian. Se interpretan.

Y hoy, interpretar bien a Colombia no es gritar más fuerte ni parecer más antisistema. Es entender que la gente quiere certezas, no experimentos.

El vuelo de Paloma no es un impulso pasajero. Es la consecuencia de leer bien el momento.

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