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Columnistas | PUBLICADO EL 22 agosto 2021

La idiotez disfrazada de
altas expectativas

Por juan david escobar valenciaredaccion@elcolombiano.com.co

Hay un problema frecuente en las organizaciones sobre el manejo de indicadores, que consiste en convertirlos en un fin y no en lo que deben ser, un medio. Eso se conoce de varias maneras, como la “Ley de Goodhart”, promovida por Charles Goodhart, asesor del Banco de Inglaterra y profesor del London School of Economics, que dice que: “cuando una medida se convierte en un objetivo, deja de ser una buena medida”. Otra versión es la “Ley de Campbell”, desarrollada por el científico social Donald T. Campbell, según la cual: “Cuanto más se utilice un indicador social cuantitativo para la toma de decisiones sociales, más sujeto estará a las presiones de la corrupción y más apto será para distorsionar y corromper los procesos sociales que se pretende monitorear”.

Miremos ejemplos de los peligros que conlleva convertir estúpidamente en objetivo un indicador, muchas veces determinado estúpidamente, incluso con buenas intenciones, forzando a hacer estupideces con tal de cumplirlo y degradando los verdaderos resultados y la realidad.

Cuando la deserción estudiantil en la educación superior aumenta, para que el indicador esperado se cumpla, en vez de aumentar la exigencia en los exámenes de admisión, algunos prefieren presionar al profesorado para que no les “hagan perder” las materias a los estudiantes. La gobernadora del estado de Oregon, Kate Brown, firmó recientemente una ley que permite a los estudiantes de su estado graduarse de secundaria sin demostrar que saben escribir o entienden conceptos básicos de matemáticas, “argumentando” que, como la pandemia afectó negativamente la posibilidad de estudiar de jóvenes de minorías “discriminadas”, resulta inaceptable que se les discrimine más al no tener el “título” de bachiller, y por ello hay que graduarlos como sea. ¡Que genialidad!

Durante la Unión Soviética, el temor por incumplir con los indicadores establecidos por los “planes económicos quinquenales” del Partido Comunista hacía que se manipularan los indicadores y se retorciera la realidad. Por ejemplo, si se definía la cuota de producción de tornillos por “número”, se hacían muy pequeños, o si se hacía por “peso”, se hacían muy grandes, porque lo importante era cumplir con el indicador.

Hay empresas locales que, por moda, o porque alguna institución les ofreció gratis una asesoría, se embarcan en ejercicios irracionales de “planeación” para determinar la famosa MEGA (Meta Grande y Ambiciosa), que con frecuencia es más bien una MINI (Meta Idiota Normalmente Incumplible), la cual convierten en fin y no en medio, y ahora que estamos en la mitad de una crisis económica aterradora, en vez de preocuparse por la supervivencia de la empresa, miembros idiotas de juntas directivas prefieren fustigar a los gerentes porque “no se está cumpliendo la tal MEGA”, como si eso fuera cumplible. Es que para la estupidez no hay vacuna.

Por eso, con tal de ganarse un nobel con un papel que dijera paz, el gobierno Santos y sus secuaces instauraron ilegítimamente un acuerdo extorsivo de apaciguamiento e impunidad con un cartel narcoterrorista

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