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La gran medida del silencio

Esta obra podría considerarse un diario de quien escribe, de quien piensa todos los días sobre la importancia de dos letras.

hace 2 horas
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  • La gran medida del silencio

Por Diego Aristizábal Múnera - desdeelcuarto@gmail.com

Así como Julio Cortázar nació de casualidad en Bruselas, lo cual no le impidió ser un escritor argentino, Clarice Lispector nació en 1920 en Ucrania, pero al poco tiempo sus padres se establecieron en Recife y por eso su lengua materna, en la que amó y escribió, fue el portugués del Brasil. Murió en 1977 pero la intensidad de su escritura, esa forma desgarrada de escribir con su cuerpo de mujer, hizo que fuera considerada una de las escritoras brasileñas más importantes del siglo XX y, además, referente valiosísimo para las mujeres latinoamericanas que en las décadas del 60 al 90 escribieron literatura. Hoy, por fortuna, se consiguen más fácil sus libros, se lee más, aunque aún falta que su nombre sea más vivo entre los vivos.

A Clarice, quien quería hacer literatura sin literatura, uno la puede conocer por sus libros “Cerca del corazón salvaje”, “La pasión según G.H.” o por “La hora de la estrella”, última novela que publicó en vida. Pero esta vez, y apenas para que el lector se haga una idea de la intensidad literaria de Clarice Lispector, quiero mencionar un par de cosas de uno de los libros que a mí más me gusta, y que esta semana volvió a mis manos después de una larga travesía que yo daba en pérdida: “Agua viva”, porque no siempre uno encuentra a los escritores en sus obras más reconocidas, ellos también están en esos libros intermedios, en aquellos que no han sido premiados.

Agua viva” es una novela epistolar cuyas cartas sin fecha jamás llegan a su destinatario. “Hoy por la tarde nos encontraremos. Y no te contaré ni siquiera eso que escribo y que contiene lo que soy y que te regalo sin que lo leas. Nunca leerás lo que escribo”. Esta obra podría considerarse un diario de quien escribe, de quien piensa todos los días sobre la importancia de dos letras: ES. “Te escribo porque no me entiendo (...) Más allá del pensamiento no hay palabras: se es”. La pintora que quiere coger con sus manos las palabras, que tiene la necesidad de ellas para entender el mundo, el instante, la muerte, los animales, las flores, la vida, escribe “en acrobáticas y aéreas piruetas” porque quiere hablar profundamente: “Escribir sólo me está dando la gran medida del silencio”.

Leer a Clarice Lispector ES escuchar su voz, reconocer la libertad de quien siempre fue al encuentro de sí misma, con esa cosa extraña que es la palabra, a la cual ella le imprimió la huella de su sensitiva visión del mundo.

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