<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
Síguenos en:
Columnistas | PUBLICADO EL 25 enero 2022

La deliberación pública y lo público de la universidad

Por Francisco Cortés rodas franciscocortes2007@gmail.com

En las democracias liberales modernas el hombre político ha perdido muchas de las características centrales que lo hacían apto para participar en la esfera pública. La razón neoliberal, que se ha expandido durante los últimos treinta años por el mundo entero, ha hecho que el ciudadano deje de ser un ser político para convertirse en un ser económico. Este fenómeno ha sido denominado como economización y puede entenderse como el debilitamiento del ejercicio de la libertad en las esferas social y política, que indica que en nuestras sociedades la distinción público-privado se ha erosionado.

Este no es un asunto nuevo. En los años posteriores a la Revolución Francesa de 1789, Alexis de Tocqueville mostraba su preocupación por el ocaso de lo público y por el triunfo de lo privado. Si el ciudadano se absorbe en el goce de su independencia privada y en procurar solamente sus intereses particulares, termina renunciando al derecho de tomar parte en lo público.

En nuestra época lo público también se desvanece como resultado de la forma como el neoliberalismo articula la relación entre el Estado y el mercado. El neoliberalismo ha creado una situación espiritual en la cual el individuo autónomo ha sido lentamente sustituido por un sujeto formado en el disfrute desenfrenado del consumo que solamente se preocupa por sus intereses privados, carece de una educación ciudadana y se distancia totalmente de lo público.

Frente a los graves problemas que se están dando en Antioquia en relación con Hidroituango, el alcalde y la revocatoria y la entrada de los Gilinsky al GEA, ¿qué papel juega la comunicación política pública? Si la entendemos como una forma de participación política, como la posibilidad de influir en los procesos de toma de decisiones y en el gobierno, su aporte ha sido realmente decepcionante. Es que con memes, tuits de las decenas de candidatos y líderes políticos e ideológicos pronunciamientos de gremios y universidades privadas no se puede llegar al conocimiento de un problema crítico en la sociedad. Se constata así que no tenemos deliberación pública ni cultura pública.

De otro lado, la universidad pública ya no hace crítica sobre los asuntos públicos y políticos. Sus consejos superiores y académicos están entrampados bajo los parámetros del eficientismo, los ránquines, que les imponen los ministerios. Empujada por el neoliberalismo, la universidad pública ha ido perdiendo su lugar de conciencia crítica de la sociedad para mudar en una fábrica de profesionales. La universidad pública ha dejado de cumplir su antigua función de producción de conocimiento nuevo y humanista para convertirse en una universidad empresarial, centrada en la producción de saberes técnicos y de innovación. Al no ser más conciencia crítica y renunciar al derecho y obligación de intervenir en lo público, cede el lugar para que actores privados se tomen el espacio público con melifluos pronunciamientos e insulsas columnas. Aunque la universidad esté sometida al Estado, “está obligada a conservar una cultura reflexiva y crítica que impida a los bárbaros poner el derecho en manos de un determinado líder” (Brandt)  

.