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Soy Jurado

Por lo pronto, yo voy a ser jurado electoral. Y sí: estoy profundamente feliz y orgullosa de serlo.

hace 1 hora
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Por Juliana Velásquez Rodríguez - opinion@elcolombiano.com.co

Hace una semana me llegó a mi correo una notificación de la Registraduría Nacional del Estado Civil en la que me anunciaban: “usted ha sido designada jurado de votación para las Elecciones de Congreso de la República a celebrarse el domingo 8 de marzo de 2026, en el siguiente lugar, mesa y cargo...”.

Sabía que era una posibilidad pues insistí en ser incluída en la lista que Proantioquia enviaría a la Registraduría y al verme elegida, sentí felicidad, responsabilidad y patriotismo. Y es que la democracia no se sostiene sola; necesita ciudadanos dispuestos a cuidarla, incluso desde los lugares más silenciosos. Ser jurado es uno de esos lugares. Y entenderlo así cambia por completo su sentido.

Este año en Colombia tendremos dos (o incluso tres) jornadas electorales. Y siempre es importante recordarlas, porque es imperativo que un muy buen porcentaje de los colombianos habilitados para votar (41,2 millones en el país y 5,4 millones en Antioquia) lo hagamos de manera consciente y en libertad. El 8 de marzo, el 31 de mayo y el 21 de junio, en caso de una segunda vuelta presidencial, son fechas que desde ya debemos marcar en el calendario. Tenemos que votar.

Pero votar no es nuestra única contribución a la democracia. Ni siquiera en los días de elecciones.

En un país como el nuestro, con cifras cercanas al 50 % de abstención electoral y menos del 20 % de participación en otras instancias democráticas, es evidente que se ha instalado una visión minimalista de la democracia: cumplir con votar y nada más. Nada más lejano de lo que la democracia realmente necesita. Y, sobre todo, de lo que este momento del país nos exige.

Cuidar la democracia también pasa por estar. Por observar. Por garantizar que las reglas se cumplan. Por dar fe de que el proceso es limpio, transparente y confiable.

En Antioquia, 115.123 ciudadanos cumpliremos con esta función en 1.282 puestos de votación a lo largo y ancho del departamento. Personas comunes: empleados, estudiantes, madres, padres, jóvenes, adultos mayores. Ciudadanos que dedican un día entero de su vida a cuidar algo que es de todos.

Antes de llegar a ese día, sin embargo, tenemos una tarea igual de importante: cambiar la idea de que ser jurado es un castigo. No lo es. Es un acto de amor por el país. Un gesto silencioso de responsabilidad colectiva que debería llenarnos de orgullo.

Cuidar la democracia también implica reconocer y valorar a quienes la custodian. Desde las empresas, las organizaciones y los liderazgos. En Proantioquia, decidimos doblar el beneficio del certificado electoral: el medio día por votar y el día por ser jurado se convierten en tres días que pueden usarse durante todo el año. Es una forma concreta de decir: esto importa. ¿Quién más se anima a hacerlo?

Y si no fuimos escogidos como jurados en esta ocasión, hay muchas otras maneras de cuidar la democracia. Ser testigos electorales del partido o movimiento con el que nos identificamos es una de ellas. Participar en veedurías electorales, como las que se realizan desde hace décadas en el país, es otra. O acciones más sencillas, pero igual de valiosas: llevarle un refrigerio al amigo que es jurado, acompañarlo, agradecerle. Recordar que la democracia puede y debe vivirse como una fiesta cívica, no como una carga.

La expresión más básica de la democracia es votar, elegir. Y poder elegir es un privilegio. Es una expresión concreta de libertad. Cuidemos esa posibilidad que nuestra historia nos ha dado. Celebremos estas fechas que nos recuerdan que democracia es libertad, pero también responsabilidad compartida.

La esperanza, la libertad y la democracia toman forma en acciones concretas, en decisiones valientes y en sentimientos colectivos. El sentimiento del patriotismo se cultiva desde chiquitos. Hoy pienso en la sala de mis abuelos hablando de política, viendo los resultados electorales. Veo la inmensidad de mi abuelo en su mirada serena e inteligencia prodigiosa, escucho la voz contundente y apasionada de mi Mamá, recuerdo las predicciones siempre ciertas de mi Papá, cuyo optimismo es a prueba de balas. Veo sobretodo el sentimiento patriótico en la acción concreta del día de elecciones en familia, del voto informado, del respeto por la opinión contraria, del cuidado amoroso del país. Lo veo en mis hijos, testigos electorales de la Mamá desde bebés. La democracia se cuida así, en acciones concretas que como ciudadanos podemos y debemos hacer.

Por lo pronto, yo voy a ser jurado electoral. Y sí: estoy profundamente feliz y orgullosa de serlo.

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