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El país que soñamos: Colombia es más grande que nuestras diferencias

hace 1 hora
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Por Juan Manuel del Corral - opinion@elcolombiano.com.co

Las elecciones terminaron. Los colombianos se expresaron y la democracia se ejerció. Como ocurre en todas las sociedades libres, unas personas celebran, otras sienten preocupación y muchos más, observan el futuro con esperanza o con incertidumbre.

Esta sensación es apenas natural. Las campañas despiertan emociones y las diferencias hacen parte de la democracia, pero ningún resultado debería hacernos olvidar algo fundamental, nuestra Colombia es una sola.

Seguimos siendo familia, vecinos, compañeros de trabajo, empresarios, trabajadores, maestros, campesinos, estudiantes y ciudadanos que compartimos la misma historia y el mismo destino. Por eso, terminada la contienda electoral, comienza una tarea aún más importante: moderar el lenguaje, recuperar la confianza y volver a encontrarnos.

Las campañas dividen. El gobierno está llamado a unir y esa responsabilidad no le corresponde únicamente a quienes han sido elegidos; también le compete a la oposición, a las instituciones, a los empresarios, a las universidades, a los medios de comunicación y a los ciudadanos.

Las democracias sólidas no se construyen alrededor de caudillos. Se fortalecen de la mano de las instituciones, con reglas claras, con la capacidad de escuchar y de establecer acuerdos y consensos. Colombia necesita seguridad, educación, salud, empleo, crecimiento económico y oportunidades para todos. Ninguno de estas apuestas pertenece a una ideología determinada. Son desafíos nacionales. Reducir la pobreza, fortalecer las regiones, combatir la corrupción, disminuir el tamaño del estado, generar empleo digno y ofrecer oportunidades a los jóvenes deberían ser propósitos que nos unan y no nuevas razones para profundizar las divisiones y esta compleja polarización. Necesitamos diseñar seriamente una política de desarrollo social, con acciones reales e inmediatas que mejoren la calidad de vida de nuestras comunidades más desatendidas. El desafío más urgente debe ser moderar el lenguaje y recuperar la confianza.

Las sociedades se debilitan cuando el adversario se convierte en enemigo, cuando desaparece la disposición a escuchar y cuando las diferencias terminan alimentando resentimientos.

Colombia necesita menos arrogancia y más humildad, más diálogo respetuoso y sin prevenciones. Requiere menos descalificaciones y menos radicalización; más argumentos y más acciones positivas por el país que soñamos. Los ciudadanos eligieron y esa decisión merece respeto, porque la democracia no consiste en derrotar a la otra mitad del país. Consiste en gobernar para todos. Las administraciones pasan. Los partidos pasan. Las personas pasan. Pero Colombia permanece. Y el país que soñamos seguirá dependiendo menos de los caudillos y más de nuestra capacidad para recuperar la confianza, respetar las diferencias y recordar que, por encima de todo, compartimos algo mucho más importante, el futuro de nuestros hijos y de las generaciones que vendrán. Colombia es más grande que nuestras diferencias.

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