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El pardo Padilla en el cine

hace 10 horas
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Por Juan José García Posada - juanjogarpos@gmail.com

Por fin hubo en el enredo de las noticias preectorales un hecho originado en la cima del poderpetrista que nos pareciera refrescante a incontables ciudadanos abrumados con informaciones perturbadoras por escandalosas, indignantes, exasperantes como las que han constituido la insoportable rutina política. Esa excepción ha sido la película sobre Padilla, en la cual puede que salga como extra el primer mandatario, vaya a saberse si por petición comprometedora del personaje inolvidable y cantinflesco o porque los cineastas Valencia le permitieron colarse en un momento del rodaje en el Palacio de San Carlos. ¿Alcanza Petro el puesto que ambicionaba en la historia, impulsará con su presencia fugaz en el filme y su gracioso traje de circunstancias el éxito de la llamativa producción cinematográfica?

El llamado Almirante Padilla, José Prudencio, no era Almirante sino General, aunque los dos rangos sean equivalentes en la jerarquía militar. Ha sido uno de los jefes tratados con sospechoso ánimo excluyente en textos y cursos de historia y en el recuerdo de la mayoría de los colombianos. Muy célebre y respetado, sí, pero también muy ignorado en la posteridad. Lee uno sobre sus títulos y méritos y encuentra que fue elevado a la condición de gran veterano de nada menos que la batalla naval de Trafalgar, héroe del combate del lago de Maracaibo, defensor de Cartagena, figura de renombre en la gesta libertadora como seguidor de Bolívar. Pero ensombrecen su hoja de vida y lo condenan al sanalejo de la república las manifestaciones de obvia simpatía racial con los llamaos pardos contra la aristocracia criolla, la participación en la conspiración de la nefanda noche septembrina y otros episodios que pusieron en tela de juicio la rectitud de su protagonismo. Se sindica a Bolívar de ordenar que lo eliminaran como conspirador, suficiente cargo como para convertirlo en réprobo y enemigo mortal del ultravenerado Padre de la Patria.

Para saber más del Almirante Padilla son recomendables libros como los de Enrique Otero Da Costa, Jesús Torres Almeyda, Enrique Uribe White, Aline Helg, Marixa Lasso y otros autores que han escrito sobre la epopeya y el martirio del personaje y su papel de constructor de la Nueva Granada independiente, así como sobre la contribución de los afrodescendientes a la causa libertadora. No interesan los chismes ni las versiones especulativas sobre la película, ni las conjeturas explicables y de exactitud dudosa sobre las presuntas intenciones de Petro. Lo cierto es que apenas saldrá en la película, si acaso, en un papel irrelevante. El actor principal, el Padilla del filme, es un estadinense llamado Cuba Gooding. Pudo haber sido otro colombiano. La verdad está en que la posible aparición de Petro en algún pasaje fugaz no merece la pena, después de haberlo tenido en primer plano durante tantos momentos como inolvidable. Será o es ya casi una película útil para ampliar la visión sobre nuestra historia complicada, colmada de protagonistas principales o extras ridículos, personajes buenos, regulares, malos y pésimos y de tragedias, comedias y cantinfladas.

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