Pico y Placa Medellín
viernes
3 y 4
3 y 4
La muerte les respira en la nuca a los pacientes.
Por Juan David Ramírez Correa - columnasioque@gmail.com
“¿Yo no sé qué está pensando esta gente?”, le decía una mujer a un periodista en una nota radial sobre la escasez de medicamentos. Su voz denotaba un desconcierto absoluto y una desesperanza pasada de lo normal. Llevaba más de ocho horas haciendo fila en plena calle bogotana, esperando la entrega de unas pastillas para el tratamiento médico de su madre. Hace tres años su madre recibía la medicación sin problemas mes a mes.
La pregunta resultó ser una expresión de perplejidad ante el daño premeditado que el gobierno le ha asestado al sistema de salud.
Simultáneamente, el gerente del hospital San Rafael de Itagüí, visiblemente angustiado y con lágrimas en los ojos, les contaba a los medios de comunicación que los 460 trabajadores del hospital llevan medio año sin cobrar salario y que algunos se han desmayado por el hambre durante su jornada laboral. La voz se le quebró cuando dijo que los empleados ni siquiera pudieron comprarles juguetes a sus hijos en diciembre.
Cuando le preguntaron a un señor llamado Guillermo Alfonso Jaramillo, que funge como ministro de Salud y que además es médico, por la situación del hospital San Rafael, solo atinó a decir: “los ricos también lloran”.
¿Será que los ricos son el personal sanitario, los auxiliares, las personas de oficios generales y los vigilantes del hospital, o quizás son los pacientes que en su mayoría son de estratos dos y tres y pertenecen al régimen subsidiado? En su irónica y desatinada apreciación, el ministro ignoró que el único rico es él, porque, con toda seguridad, su sueldo y las gabelas que tiene en el poder, superan con creces los ingresos de esos ricos que, para el ministro, son los que tienen que llorar.
Semejante indolencia del ministro, quien no es más que un servidor público que se debe a todos los colombianos, es el resultado del “chu, chu, chu” de Gustavo Petro, una seguidilla de golpes mortales a un sistema de salud que, a pesar de sus problemas, funcionaba.
Hoy la crisis de salud raya en el desespero y compromete millones de vidas. La escasez de medicamentos es absoluta y es un milagro que a los pacientes les entreguen su formulación completa, la asignación de citas es un karma, los recursos para los hospitales y clínicas parecen no existir. La muerte le respira en la nuca a los pacientes. Eso sí, para el gobierno no hay sufrimiento de la gente, mucho menos angustia del personal médico. Lo que hay es muchos “ricos” que tienen que llorar.
¿Qué estará pensando esta gente? Lo único que se puede entender de su pensamiento es que la actitud déspota e indolente se justifica en función de su recalcitrante ideología, que trata de defender una realidad evidente: todo lo que han hecho con la salud les ha salido mal. Ese es el reflejo de cientos de cosas que van mal y que obligan al país a corregir su rumbo y poder reparar el inmenso daño que han hecho.