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Por Juan David Escobar Valencia - opinion@elcolombiano.com.co
Los 18 libros proféticos del Antiguo Testamento no son los favoritos de los cristianos por las advertencias y condenas que se anuncian en ellos. Nos molesta ser amenazados con graves consecuencias si no dejamos de hacer cosas que nos gustan o nos imponen hacer lo debido, que normalmente implica una reducción del placer y un aumento de las restricciones. Por eso es que los que somos analistas, que tenemos la obligación de considerar todos los escenarios posibles, incluso los indeseados, no les agradamos a los peligrosos tontos que todavía creen en eso del optimismo y el pesimismo, nos tildan de “negativos” y creen que los riesgos desaparecen al no considerarlos.
Entre los libros de Abdías y Miqueas está el libro de Jonás, uno de los llamados “profetas menores”, no por su importancia sino por la extensión de sus textos y la especificidad de sus temas. Jonás fue encargado por Yahvé de advertir a la poderosa y pagana ciudad de Nínive de su desaparición si no se arrepentía y alejaba de la maldad. Por miedo a la reacción de los ninivitas de ser el mensajero de malas e incómodas noticias, Jonás prefirió huir en un barco rumbo a Tarsis, pero por algo Dios es Dios, quien desató una terrible tormenta que obligó a los tripulantes a lanzar a Jonás al agua, porque él aceptó que su desobediencia era la causa del castigo que afectaría a otros si se hundía la nave. Una ballena que pasaba por allí “accidentalmente”, lo engulló y durante tres días viajó en su interior, días en los que Jonás también viajó a su propio interior, oró y aceptó su error. La ballena “vomitó” a Jonás en una playa y nuevamente fue comisionado por Dios de advertirle a Nínive de su terrible destino si no hacían lo correcto. Jonás se dirigió a la ciudad y proclamó sin descanso: “Solo cuarenta días más y Nínive será derribada”.
Yo no soy ni seré profeta, ni siquiera menor; sería multimillonario. Soy un simple analista geopolítico que intenta ser útil señalando “todos” los posibles escenarios futuros para la toma adecuada e integral de decisiones. Colombia no es poderosa como Nínive, pero tampoco el peor sitio del planeta, y aunque hay colombianos indecentes y bandidos que por irresponsables permitimos que tengan más ventajas y privilegios que los que cumplen la ley, incluso llegaron y quieren continuar en la presidencia, no creo que merezcamos la destrucción de nuestro país.
Hoy estamos a “41 días de la segunda vuelta de la elección presidencial”, que si la democracia no es derribada previamente por el gobierno marxista empeñado en perpetuarse por la “combinación de todas las formas de lucha”, debe realizarse el 21 de junio. Ojalá así sea, aunque lo más importante es asegurar que los votos se cuenten bien, porque para los marxistas la “democracia” no es quien vota sino quien cuenta los votos. La biblia dice que Nínive se arrepintió y fue perdonada por Dios. Yo también quiero creer que los que votaron por Petro en 2022 y los que se abstuvieron de hacerlo por sugerencia de un irresponsable observador de ballenas, entiendan que se equivocaron, que es de humanos; pero volverse a equivocar es de idiotas.