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Una elección a favor de Cepeda puede llevar a que sean las últimas en real democracia.
Por Jorge Andrés Rico Zapata - andresricocp@gmail.com
El mayor proyecto político en este momento es que llegue a la presidencia un gobierno que permita y crea en el fortalecimiento de la democracia, bajo defensa de la institucionalidad, respeto por la división de poderes y que crea en el desarrollo económico desde la integración de actores y sectores empresariales y sociales. La elección presidencial de este año no es solo de las más importantes de las últimas épocas, sino que puede ser la última en real democracia.
La forma en que Cepeda visualiza la democracia es bajo una fórmula muy antigua: la AGITPROP (agitación y propaganda). En su propuesta de gobierno indica: “nuestro pueblo ya no es espectador: es protagonista. Se ha apropiado de la movilización como herramienta legítima (...), ha descubierto su poder constituyente. Sabe que las reformas sociales no son quimera, que pueden hacerse realidad (...) que, si vienen a arrebatarle las reformas y los cambios, nos paramos en la raya”.
La constante apelación a movilizar masa bajo el proyecto de reformas sociales -no son sociales ni benefician a la sociedad en su desarrollo, porque carecen de estructura y realidad- es el epicentro del caos el cual para el comunismo que propone Cepeda, es importante, porque lleva al propagandista a convertirse en un tipo de redentor que buscará luchar contra opresores (clase empresarial, sector privado y generadores de empleo), la “extrema derecha” (la institucionalidad, diferentes poderes y empresarios) y el “neofascismo” (liderado y expresado para Cepeda, por el expresidente Uribe).
Este escenario que tiene como reto y amenaza que con la llegada de Cepeda al gobierno la democracia, la institucionalidad, el crecimiento empresarial y el desarrollo social y político se vean debilitados o destruidos, la oposición debe dejar de enfrentarse entre ella. El hecho que de la Espriella y Paloma Valencia estén divididos genera beneficio para la campaña de Cepeda, por lo cual, el interés no puede ser derrotarse entre sí, sino derrotar la posible continuidad de Gustavo Petro.
Iván Cepeda no ha asistido a debates porque no tiene argumentos para confrontar ideas ante dos personajes como de la Espriella y Paloma, que comprenden las funciones de Estado. Cepeda, como agitador, sus anuncios y apariciones en público son emocionales bajo dos argucias propagandísticas clásicas: vulgarización, la cual busca ampliar el mensaje a una masa que poco entiende y exige comprensión de problemas (cuando muchos sectores no saben porque “reclaman”, y segundo, la transfusión, que ubica un mensaje en un tipo de naturaleza o sustrato establecido, como es un tipo de odio a un sector (cuando se señala a la lucha de clases donde el opresor es quien genera empleo o al sector privado).
El objetivo es que gane la democracia y la institucionalidad. Que salga del gobierno la retórica incoherente. Que gane un personaje que busque solucionar y fortalecer las instituciones y sectores. Que permita generar empleo y dignificar el sector laboral desde la búsqueda de bienestar, acceso a compra de vivienda, atención a salud, y salir de la pobreza y no masificarla, lo único que lograría lo que propone Cepeda. Una elección a su favor, puede llevar a que sean las últimas en real democracia.