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La política, entendida como la gestión de los asuntos públicos en procura del bien común mediante el ejercicio del poder, fue desplazada en la campaña.
Por Federico Arango Toro - @fedearto
Al inicio del año leí dos libros, con solo un mes de diferencia. Llegaron a mis manos por caminos y recomendaciones diferentes, siendo también sobre temas distintos. El primero, del politólogo francoitaliano Giuliano da Empoli, Los ingenieros del caos, analiza las nuevas tendencias en tecnología, comunicación y estrategia en el manejo de las campañas políticas. El segundo, La generación idiota, de Agustín Laje, politólogo argentino, es un texto de sociología, cultura y psicología social, sobre los efectos de la penetración masiva de redes sociales que la tecnología actual ha puesto al alcance de todos.
Da Empoli describe cómo en las campañas la política tradicional, basada en la argumentación de ideas, tesis y programas, ha sido desplazada por la ingeniería de los mensajes, en la cual emociones y especialmente temores, con base en algoritmos, se convierten en estrategia de multifragmentación y polarización; ya no se busca conquistar racionalmente sino activar miedos, frustraciones, resentimientos y rivalidades. El caos deja de ser un accidente de campaña, convirtiéndose en método para mantener comunidades emocionalmente activas y movilizadas, antes que ciudadanos deliberantes y bien informados.
Laje, con su provocador título, no se refiere a una generación determinada, sino al proceso cultural moderno de “adolescentrismo transgeneracional” resultante del uso intenso y adictivo de la tecnología en la palma de la mano; la palabra idiota la usa en su origen griego, con la que denominaban a los ciudadanos desinteresados de los asuntos públicos. Argumenta que la sociedad contemporánea adopta de forma generalizada una mentalidad adolescente de inmediatez, rechazo a la autoridad, primacía de la emoción sobre la razón, hedonismo y una identidad construida en torno a la victimización y rebeldía, más que de responsabilidad y esfuerzo.
Estos libros, que parecían disímiles, terminaron teniendo una profunda coincidencia, la que se hizo más notoria al leerlos en medio del fragor de la campaña presidencial, escenario que resultó ideal para observar mensajes emitidos y cómo operaban en la práctica. Ambos ensayos se cruzan en el núcleo de sus argumentaciones centrales. Da Empoli describe la estrategia y técnica de la campaña de agitación para activar rabias y resentimientos, en tanto que Laje presenta la fragilidad cultural del sujeto contemporáneo sobre el que esa técnica opera con amplísima recepción. En otras palabras, la estrategia descrita en Los ingenieros del caos tiene al receptor ideal en La generación idiota
El reciente éxito de la campaña del presidente De la Espriella se suma a la lista de casos emblemáticos que examina el primero de los libros, uniéndose a las campañas del Brexit, las dos de Trump, la de Jair Bolsonaro, la del Movimiento Cinco Estrellas en Italia, de Orbán en Hungría y otros casos en el mundo. La política, entendida como la gestión de los asuntos públicos en procura del bien común mediante el ejercicio del poder, fue desplazada en la campaña. Ahora debe reaparecer con esplendor para consolidar nuestra democracia entre las tres ramas del poder, con un gobierno incluyente y ciudadanos políticamente informados, reflexivos y comprometidos.