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Si Petro busca esquivar causas judiciales con una bancada fiel que le respalde a base de jugar la carta del “¡que viene el lobo!”, solo tiene que mirar España, con un Sánchez acorralado.
Por Humberto Montero - hmontero@larazon.es
A Gustavo Petro le pasa lo que a todos los populistas, que de tanto acostumbrarse a estar rodeado de palmeros pierden la perspectiva de lo que es real o no y creen tener siempre la razón a fuerza de que sus cortesanos se la den. Petro es un calco de nuestro Pedro Sánchez, un sujeto con un perfil intelectual deficiente, capaz de vender a su madre por seguir en el poder. Ambos, además, con un ramalazo machista más que evidente. Uno por sus ya habituales comentarios y dudosas compañías y el otro, por rodearse de puteros y violadores confesos, el último el jefe de la Policía Nacional.
Ahora Petro alimenta los fantasmas del fraude electoral cuando barrunta que las elecciones legislativas apuntan al descalabro. “Existen pruebas de la persistencia del fraude electoral en Colombia”, escribió Petro en X, donde cuestionó el sistema de preconteo de votos operado por la empresa privada ASD, filial de Thomas Greg & Sons, compañía contratista del Estado que también ha estado a cargo de la producción de pasaportes y con la que el mandatario está enfrentado.
Petro abona ya el camino de “confabulación ultraderechista” con vistas a las presidenciales el 31 de mayo. Los que critican los supuestos bulos contra sus gobiernos son los primeros en crear otros que apuntan en la misma dirección. Que no se crea Petro las alabanzas de sus aduladores más cercanos ante esta estratagema. Su primo-hermano Sánchez lleva perdiendo elecciones sin parar jugando la carta de “que viene la ultraderecha”. Lo único que ha conseguido, en Extremadura, en Aragón y, próximamente en Castilla y León y Andalucía, es que miles de antiguos votantes socialistas pasen a votar a la “temida” ultraderecha.
Todos los socialistas que han sido enviados a esos territorios a inmolarse han tratado por todos los medios, con escaso éxito, de desvincularse del “sanchismo” que pacta con separatistas y defensores del terrorismo independentista.
Lo mismo ocurre en Colombia. Como recordaba este diario en un editorial reciente, los congresistas falderos del “petrismo”, que votaron sus reformas, negociaron sus cuotas burocráticas y se beneficiaron de su cercanía con el poder, “ahora regresan a sus departamentos vestidos de opositores, o al menos haciéndose los ‘yo no fui’”. Según Petro, del quien muchos dudan ya que esté en su sano juicio, en las elecciones de 2022 se modificaron los resultados en al menos 4.200 mesas electorales mediante “iteraciones en los algoritmos”, lo que, aseguró, habría restado unos 400.000 votos al Pacto Histórico.
Durante un consejo de ministros televisado, Petro pidió acceso completo al código fuente del software electoral, es decir, al programa informático que procesa los resultados, con el fin de que pueda ser auditado por expertos independientes. Añadió que no se ha cumplido una sentencia del Consejo de Estado que ordenó que ese sistema estuviera bajo control estatal.
Las autoridades responsables han defendido el sistema electoral y han insistido en que el preconteo es solo una herramienta de divulgación rápida de datos donde no se registran incidentes y que el resultado oficial lo determina el escrutinio. Nadie salvo Petro lo cuestiona. Si Petro busca esquivar futuras causas judiciales con una bancada fiel que le respalde a base de jugar la carta del “¡que viene el lobo!”, solo tiene que mirarse en España, con un Sánchez cada día más acorralado.