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Columnistas | PUBLICADO EL 07 enero 2022

¡Feliz año nuevo!

Por Agostinho J. Almeida @Agos_Almeida

2022 está aquí. 2021 terminó, con todos sus desafíos, victorias y derrotas, alegrías y tristezas. Es común por esta época preparar resoluciones de año nuevo, promesas y oraciones, rituales para celebrar otro evento del calendario. No deja de ser curioso que el tiempo pase y seguimos celebrando; tiene algo de irónico, ¿no? Como ha dicho mi padre, “un nuevo año: un paso más cerca del final”. Personalmente, prefiero pensar en la vida como una oportunidad para hacer cambios o mejoras (¡ojalá!) en cualquier momento, sin esperar las festividades del año nuevo. Sin embargo, debo confesar que esta época siempre me lleva a reflexionar sobre el pasar del tiempo.

La naturaleza del tiempo, nuestra percepción de él e incluso si existe o no han sido tema de discusión de personas bien más inteligentes, cómo físicos y filósofos, analizando y debatiendo la cuestión de la propia existencia del tiempo. Por otro lado, un amigo mío dijo una vez que el tiempo fue inventado por la civilización humana para aumentar la demanda de relojes... Sin dominar teorías y conocimientos tan complejos, pertenezco al ámbito de las personas que miran el tiempo bajo tres lentes: lo biológico, lo pragmático y lo romántico. Biológicamente, nuestros cuerpos tienen una vida útil limitada. Se ha intentado durante milenios aumentar la esperanza de vida y la búsqueda de la eterna juventud (mejor que la vida eterna), una cruzada tan antigua como el tiempo. Sin embargo, es indiscutible que tenemos un fin como seres biológicos (dejemos de lado, por ahora, la discusión espiritual) en el que de manera natural devolveremos una parte de la energía que tomamos durante nuestras vidas, integrándonos en el ciclo de vida del planeta.

En términos pragmáticos, el tiempo es un recurso justo (una hora es lo mismo para cualquier persona en este planeta) y es lo que es: puedes ser efectivo o eficiente durante un período definido, ayudando a organizar lo que haces, o simplemente puedes moverte por la vida sin pensar mucho en ello; porque tecnológicamente hablando, todavía no queda otro camino que vivir en el presente.

Y, por supuesto, la visión romántica: Preciso tiempo, necesito ese tiempo que otros dejan abandonado porque les sobra o ya no saben qué hacer con él (“Tiempo sin Tiempo”, Mario Benedetti). Sí, la posibilidad de cargar de emoción decisiones y eventos en la vida porque ocurren en el momento correcto o incorrecto; o sentirse bendecido por el tiempo que nos fue dado; o enfurecido porque no hay tiempo suficiente para hacer todo lo que queremos hacer. Personalmente, he decidido no pelear contra el tiempo, sino concentrarme en lo que puedo hacer (de todos modos, es una guerra perdida y he aprendido a intentar elegir las batallas que quiero pelear).

Entonces, ha pasado un nuevo año, el mundo sigue girando alrededor de su eje —y seamos sinceros, ¿cuántos millones de veces más puede girar?—, inevitablemente corriendo hacia el final, como solía decir mi padre. Mientras tanto, ¿qué puede uno hacer? Bueno, usando las palabras de Bendedetti y un tono bien romántico, busquemos ese tiempo para morir un poco y nacer enseguida... 

Agostinho J. Almeida

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