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La IA, con su enorme capacidad, puede simular razonamiento conducida por algoritmos, pero sin comprensión propia.
Por Federico Arango Toro - @fedearto
El desarrollo económico y social alcanzado por la humanidad dista de ser el resultado de un proceso lineal y acumulativo de sucesivas mejoras. Se explica, principalmente, por rupturas profundas en el statu quo, las cuales generan discontinuidades, alterando la visión del mundo y la estructura de la sociedad. Son grandes saltos en los que emergen nuevos paradigmas, reconfigurando la vida en comunidad y los sistemas y costumbres que la soportan, ampliando horizontes y trayendo posibilidades y necesidades antes no imaginadas.
De los muchos saltos que han marcado el desarrollo humano, baste mencionar unos pocos por ilustrar la tesis. De hace millones de años son las primeras herramientas líticas y el dominio del fuego; miles de años a.C. aparecieron el desarrollo del lenguaje, la rueda, la escritura, las matemáticas y otros más. Acortando el camino, en nuestra era (d.C.) destaquemos la imprenta, la máquina de vapor, los antibióticos, la electricidad, el automóvil, la aeronavegación, los computadores personales, los teléfonos móviles, el internet y la inteligencia artificial.
Resulta imposible dimensionar el resultado acumulado de todo lo anterior y los muchos otros saltos no mencionados acá, además de los avances que en forma exponencial se producen en el día a día en todos los frentes del conocimiento humano. Pero sí hay algo concluyente, es la absoluta certeza de que todo ello, es fruto del hombre mismo, guiado por su inteligencia, consciencia y razón.
Recientemente ha emergido con fuerza y pompa la IA. La discusión con respecto a ella es si equiparará o superará la inteligencia humana -IH-, dilema ante el cual hay muy diversas y, aún, opuestas respuestas entre desarrolladores, filósofos y grandes pensadores en todas las disciplinas. Por ahora hay unanimidad en reconocer que la IA está dotada de inagotable capacidad de procesamiento, sin conocer ni entender temas en particular, pero operando sobre correlaciones y patrones en un proceso que intenta simular el raciocinio humano. En tareas de esta índole, ella supera ampliamente las capacidades del hombre, con lo que es considerada como la más valiosa herramienta al servicio consciente de la IH, trabajando una y otra en planos esencialmente diferentes.
En otras palabras, estamos ante la razón como capacidad estructural superior del ser humano para conocer, juzgar y crear, frente al razonamiento como procedimiento de operaciones sucesivas que entrelaza ideas existentes para ofrecer la respuesta más plausible a su alcance, tal como opera la IA. Yendo más allá, una diferencia abismal y quizás imposible de borrar entre ambas inteligencias, es que el hombre es poseedor de conciencia y razón, las que le dan su principal condición, cualidad y facultad distintiva, de “Ser Yo”, de sentirse propio, de poseer principios, valores y propósitos, de auto percibirse, definirse, evolucionar y actuar con moral y ética propias, mientras que la IA “no es” sino que está disponible, sin principios ni propósitos autónomos, operando con moral y ética endosadas por quien la opere.
En síntesis, la IA, con su enorme capacidad, puede simular razonamiento conducida por algoritmos, pero sin comprensión propia, así como el automóvil obedece según lo conduzcan. Solo el ser humano piensa, decide y actúa, ¡porque es!