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Por Fanor Mondragón - fmondra@gmail.com

Somos ricos en materias primas

pero pobres en valor agregado

hace 26 minutos
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  • Somos ricos en materias primas pero pobres en valor agregado
  • Somos ricos en materias primas pero pobres en valor agregado

Por Fanor Mondragón - fmondra@gmail.com

Colombia exporta petróleo y compra derivados petroquímicos, exporta ferroníquel e importa el acero inoxidable que se fabrica con él, exporta cobre y compra productos hechos con este metal, exporta platino y paga por lo que otros le agregan. Somos ricos en recursos y pobres en valor agregado, eso no es mala suerte, es la ausencia de una política que lleve el conocimiento desde el laboratorio hasta la industria. Con frecuencia leemos sobre los avances de los países desarrollados y nos preguntamos ¿por qué un país tan rico en recursos naturales como el nuestro avanza tan poco en generar empleo, en reducir la inequidad y la pobreza? A continuación, indico dos casos que ayudan a aclarar algunos aspectos.

La reciente Misión de Sabios (2019) señaló que la bioeconomía debería ser una de las grandes apuestas del país por su gran biodiversidad y porque aprovecha recursos renovables sin destruirlos. El punto de partida es la bioprospección, que consiste en buscar compuestos útiles para el ser humano en plantas, animales y hongos incluyendo medicinas, alimentos o productos industriales. En muchos casos el conocimiento ancestral sobre las plantas ha sido decisivo para las investigaciones que condujeron al desarrollo de medicamentos hoy ampliamente utilizados como la aspirina, la quinina o la morfina, entre muchos otros. Infortunadamente, la deforestación amenaza ese potencial. Se estima que cada año Colombia pierde más de 150 especies antes de estudiar su composición química.

Aunque en nuestras universidades se han llevado a cabo investigaciones sobre biomoléculas con actividad antibacteriana, antimicótica, anticancerígena, antiviral y antiparasitaria, Colombia no ha desarrollado ni un solo medicamento a nivel comercial. La razón es la falta de infraestructura analítica, de espacios para el escalamiento y de recursos para ensayos clínicos. El desarrollo desde una planta hasta un medicamento puede costar más de mil millones de dólares y tardar entre diez y quince años.

Con los recursos minerales ocurre algo similar, además de los casos arriba mencionados, importamos todas las baterías de litio-níquel, exportamos oro para comprarlo refinado para uso industrial. Sobre la producción de nuevos materiales, por ejemplo, nanotubos de carbono, grafeno, zeolitas, nanopartículas de oro para sensores de cáncer, silicio de alta pureza para paneles solares, nanocompuestos metálicos para baterías etc, existe solo en los laboratorios universitarios, porque el país no tiene la infraestructura para llevarla a escala industrial.

Esta realidad nos obliga a preguntarnos qué estamos haciendo mal. Cuando miramos a países sin recursos naturales pero que son altamente exitosos - Corea del Sur, Singapur, Suiza, entre otros- vemos que su éxito se construyó sobre políticas claras para orientar la generación de conocimiento y llevarlo hasta la aplicación industrial, sobre todo en procesos disruptivos, que son los que generan alto valor agregado.

En Colombia tenemos investigadores que han hecho aportes notables en bioprospección y en nuevos materiales. Sin embargo, seguimos importando de otros países los productos que necesitamos fabricados con nuestras materias primas. Para subsanar esta situación, Colombia necesita políticas de investigación que apoyen desde la generación de conocimiento fundamental hasta su aplicación industrial. En esta dirección hay dos tipos de infraestructuras que son muy importantes: los institutos de investigación sectorial y los parques universitarios de ciencia y tecnología.

Los institutos de investigación sectorial estarían ubicados en distintas regiones del país, dedicados a resolver problemas concretos de cada sector y a transferir ese conocimiento a las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes) para que lo implementen y al mismo tiempo generen empleo calificado, mejoren su calidad, productividad y competitividad. Deben tener infraestructura de última generación, financiación estatal durante sus primeros ocho a diez años con evaluaciones de desempeño rigurosas, hasta que las empresas financien su propia investigación y con el tiempo establezcan sus propios centros de investigación. Además, serían el espacio ideal para vincular a los técnicos, profesionales y científicos que forman nuestras universidades y podría estimular el regreso de la diáspora científica colombiana altamente especializada.

Los parques universitarios son importantes para evaluar la viabilidad técnica y económica de los desarrollos que salen de los grupos de investigación con potencial de aplicación y que pueden dar origen a la generación de nuevas empresas. En estas estructuras confluyen la universidad, el Estado y el sector privado. Alrededor de una universidad puede haber un número variable de parques según sean sus áreas de investigación. Tanto los institutos de investigación como los parques deben administrarse con autonomía jurídica independiente de las universidades coordinados y financiados por Minciencias.

Nada de lo planteado anteriormente se puede realizar sin la financiación apropiada. Según el Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología Colombia hoy invierte apenas alrededor del 0,2 % de su PIB en investigación y desarrollo. Los países que usualmente tomamos como referentes destinan entre el 3 % y el 6 % del PIB, cerrar esa brecha exige recursos sostenidos en el tiempo a largo plazo.

Señor Presidente, los investigadores no pedimos un milagro, pedimos una decisión. Un país que aspira a desarrollarse desde el conocimiento no puede seguir invirtiendo sólo el 0,2 % de su PIB en investigación. La biodiversidad y los minerales están ahí, la pregunta es si de ahora en adelante les agregaremos valor en casa o seguiremos vendiéndolos como “commodities” en el mercado internacional para luego comprarlos como productos terminados.

*Profesor emérito de la Universidad de Antioquia, miembro de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales

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