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El Pacífico no puede ser noticia de una semana; tiene que ser nuestra responsabilidad

No es que se nos haya olvidado el desacuerdo; es que, por unos días, decidimos que había algo más urgente que tener la razón.

hace 1 hora
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  • El Pacífico no puede ser noticia de una semana; tiene que ser nuestra responsabilidad

Por Caty Rengifo Botero - JuntasSomosMasMed@gmail.com

Aterricé en Bogotá después de un vuelo movido y, cuando los celulares se habilitaron, el país volvió a entrar por la pantalla: mensajes, llamadas, voces quebradas y personas llorando en silencio. Ese lunes 10 de agosto, a las 7:34 de la mañana, un terremoto de magnitud 7,4 sacudió al país y nos recordó, con una dureza imposible de ignorar, que el Pacífico no puede ser una preocupación pasajera ni una tristeza de ocasión.

Por la profundidad y expansión de la onda, el impacto se sintió en Manizales, Pereira, Cali, Buenaventura, Dagua, Roldanillo y en municipios que casi nunca ocupan los titulares. El sismo no perdonó edificios, vías, hospitales ni escuelas; tampoco perdonó la sensación íntima de saber que, en cuestión de segundos, una vida entera puede quedar reducida a polvo, miedo y espera.

Hace apenas unas semanas hablábamos de un país partido en dos: un país polarizado del que parecía no podíamos escapar; un país cansado de sí mismo. Pero esta semana, medio país hace fila para donar sangre y otra parte pregunta cómo ayudar. Lo hacen sin mirar de qué lado del tarjetón viene la pregunta, porque ante una casa caída, una madre buscando a su hijo o una escuela convertida en ruina, ninguna discusión debería pesar más que la vida. No es que se nos haya olvidado el desacuerdo; es que, por unos días, decidimos que había algo más urgente que tener la razón.

Muchos me han preguntado dónde ayudar y a través de quién hacerlo. Por eso quiero aprovechar este espacio para mencionar algunas iniciativas y canales de donación reconocidos: la Cruz Roja Colombiana, con su campaña #TodosPorColombia; la red de bancos de alimentos que coordina Ábaco; la Fundación Solidaridad por Colombia; Unicef; Fundación Plan; y la Cámara de Comercio de Cali, con su campaña #TodosSomosPacífico.

Ninguna de estas iniciativas pide más de lo que cada persona puede dar. Un aporte pequeño, sostenido en el tiempo, puede significar una comida, una cobija, una noche menos a la intemperie o la posibilidad de que una familia no se sienta completamente sola. La ayuda no se agota en esta semana de titulares urgentes: los albergues seguirán llenos cuando las cámaras se vayan a otra parte, y las escuelas y los hospitales tardarán meses, quizás años, en levantarse del todo.

El Pacífico colombiano, donde hay puertos que mueven al país entero y al que el país casi nunca mira cuando no tiembla la tierra, necesita algo más que un giro de solidaridad esta semana: necesita que lo nombremos cuando pase el ruido, que lo acompañemos cuando ya no haya cámaras y que no volvamos a confundir su resistencia con permiso para abandonarlo.

Hoy, mientras escribo esto, todavía hay personas bajo los escombros. Donar hoy importa, pero donar después también: esta emergencia no se acaba cuando deje de ser noticia. El Pacífico colombiano no necesita lástima ni una solidaridad de una semana; necesita compromiso sostenido, ayuda constante y un país dispuesto a reconstruir con él cuando las cámaras ya se hayan ido.

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