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Comprendí que no siempre hay que buscar a una mujer para hablar de temas complejos, a veces, tan sólo basta con encontrar al hombre adecuado.
Por Sara Jaramillo Klinkert - @sarimillo
Me dio por apuntarme a un taller de salud femenina. Es que, claro, tengo más de cuarenta y mi cuerpo comienza a notarlo. La palabra que empieza por M, como diría Nora Ephron, aparece cada vez con más frecuencia en mis conversaciones. Mi novio, que me lleva muchos años, me lo advirtió todas las veces que me reí de él porque, cada vez que hablaba con sus amigos, el monotema era la palabra que empezaba por P. La venganza es dulce.
Después del taller regresé a casa entre aburrida y preocupada, pues me di cuenta de que los cambios que he experimentado son apenas la punta de iceberg. El camino promete ser largo, tortuoso y, sobre todo, muy costoso. No tengo dudas de que si las fluctuaciones hormonales aquejaran en la misma medida a los hombres, habría mil estudios, mil soluciones y, absolutamente todas ellas, estarían cubiertas por el sistema de salud. De la perimenopausia y la menopausia apenas se empezó a estudiar y hablar antier, por eso, casi ningún médico sabe cómo tratar nuestros síntomas. Sólo diré que cuando le comenté a mi ginecólogo lo cansada, lo triste y lo insomne que me sentía, me mandó para donde un psiquiatra. Resultó que no estaba loca, tan sólo tenía una deficiencia crítica de hierro. Cosa que, por cierto, le ocurre a más del 60% de las mujeres de mi edad.
En la noche nos pusimos a ver una serie sobre Alyssa y James, unos adolescentes que huyen de sus casas y se meten en problemas cada vez más graves. La separación entre ellos ocurre después de que matan a un hombre. Aquejado por la culpa, James decide llamar a la policía, pero cuando llega a la estación se arrepiente de entregarse y desvía la historia: cuenta que cuando era un niño, su madre lo llevó al lago y, mientras él correteaba los patos, ella encendió el carro y aceleró. James la vio hundirse en el agua sin hacer nada y eso lo ha hecho sentir culpable toda la vida. Como nunca antes ha contado la historia, el muchacho termina bañado en llanto y el policía, que esperaba capturar a un asesino, se encuentra, de repente, encartado con un adolescente traumatizado y vulnerable al cual sólo se le ocurre preguntarle: «¿Quieres hablar mejor con una mujer?». Yo saqué mi libreta y apunté la escena, convencida de que me serviría para alguna columna sobre lo difícil que es para algunos hombres hablar de temas complejos.
Al día siguiente, mientras me tomaba el suplemento de hierro, mi novio me dijo: «Deberías sugerirle a la doctora que en ese taller incluya a las parejas, así podemos entenderlas y acompañarlas en esta etapa». Comprendí que no siempre hay que buscar a una mujer para hablar de temas complejos, a veces, tan sólo basta con encontrar al hombre adecuado. Queridos policías, doctores, esposos y hombres en general: sean uno de esos hombres. Recuerden que la venganza es dulce y las molestias asociadas a la próstata los están esperando. Al menos agradezcan que los médicos les creen los síntomas y que el sistema de salud les cubre todos los gastos.