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Columnistas | PUBLICADO EL 16 noviembre 2021

El futuro del poder de EE. UU

Hernán González Rodríguez

La prestigiosa revista londinense The Economist acaba de abrir un foro para discutir sobre el futuro del poder de los Estados Unidos en el mundo. Uno de sus invitados fue el señor Henry Kissinger, quien ya participó con un artículo titulado: “The future of American power. Why America failed in Afghanistan”, el cual se pude consultar por Google.

Resumo a continuación algunos apartes de dicho artículo, porque esta declinación del poderío aludido ya nos está afectando tanto en Colombia como en las Américas, por medio de Venezuela. En los párrafos de este comentario se mezclan las traducciones fieles del artículo con cuanto he logrado comprender tras varias lecturas.

“Radicó la causa principal del fracaso estadounidense en Afganistán en la imposibilidad de instaurar allí una democracia moderna. Infortunadamente, la diplomacia creativa y la fuerza sí pudieron haber vencido el terrorismo en este país... La preocupación fundamental es conocer hoy los motivos por los cuales tomó Estados Unidos la decisión de retirarse sin consultar a sus aliados, ni a sus colaboradores, tras veinte años de sacrificios”, así inicia Kissinger.

“Cuando los Estados Unidos arriesgan las vidas de sus militares y su prestigio, incluyendo a otros países, lo deben hacer con base en objetivos estratégicos y políticos. Estratégicos, aclarando las circunstancias por las cuales luchan. Políticos, definiendo con los países interesados el marco de gobierno para sostener los resultados esperados... Estos dos objetivos fueron inalcanzables y abstractos en Afganistán”.

Los Estados exitosos presuponen la existencia de una autoridad centralizada, su ausencia se ha prestado para que convivan los afganos desde el siglo XVIII con los clanes y con grupos militares terroristas. Facilitaron los conflictos entre estos grupos la invasión de Gran Bretaña en 1839 y la ocupación soviética en 1979. Los ingleses se retiraron en 1842 y los rusos en 1989. Ambos invasores trataron de imponer la centralización y la coherencia, pero fallaron en forma estruendosa.

Los objetivos estratégicos estadounidenses debieron haberse enfocado en contener a los talibanes, no en destruirlos. Y en orientar su estrategia política, coordinando los intereses divergentes de los afganos con los de sus vecinos, India, China, Rusia y Pakistán, quienes se sienten profundamente amenazados por los terroristas afganos, quienes con frecuencia se ocultaban en sus territorios.

Pero concluye Kissinger: “las dos estrategias anteriores nunca fueron exploradas ni por Trump ni por Biden. Las negociaciones de paz de estos presidentes tenían por objeto exterminar a los talibanes con

la ayuda de sus aliados. Pero Estados Unidos no puede eludir hoy ser un factor clave en el orden internacional en razón de sus capacidades y de sus valores históricos. No podían evadirse retirándose. Combatir, limitar y vencer los terrorismos apoyados y elevados por países con sofisticadas tecnologías seguirá siendo un reto global... Las democracias evolucionan en medio de los conflictos entre sus partidos políticos y alcanzan la grandeza por medio de sus reconciliaciones”.

Mi conclusión. Los objetivos estratégicos y políticos de Estados Unidos frente a Venezuela también han sido y serán inalcanzables y abstractos como en Afganistán, continuarán estando descoordinados de los intereses de sus vecinos, Colombia y Brasil, quienes nos sentimos amenazados por las guerrillas terroristas que protege el dictador Maduro para desestabilizarnos y por las migraciones de venezolanos hambrientos.

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