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El discurso de Leonardo Villar en Asobancaria

El remedio no está en el Banco de la República, sino en la disciplina fiscal del Gobierno. Una política monetaria prudente es necesaria, pero no basta si el gasto público y los ajustes salariales empujan en dirección contraria.

hace 1 hora
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  • El discurso de Leonardo Villar en Asobancaria

Por Carlos Enrique Cavelier - opinion@elcolombiano.com.co

El pasado miércoles en Cartagena, el gerente del Banco de la República pronunció un discurso poco común. Sobre la inflación resaltó lo que ya todos conocemos: —lleva seis años consecutivos en el cargo sin lograr llevarla a la meta del 3%—; al tiempo trajo un diagnóstico que merece leerse con calma, porque toca un nervio que la opinión pública colombiana puede malinterpretar: la fortaleza del peso.

Porque mientras alguna parte del país celebra que el dólar haya bajado de los 4.000 a los 3.090 pesos, el gerente del Emisor nos recuerda que esa “buena noticia” tiene una cara costosísima. El peso se ha revaluado más de 18% en lo corrido del año, no solo frente al dólar, al euro y frente a monedas de países vecinos.

Villar ofrece una explicación que a primera vista suena contraintuitiva: el mismo déficit fiscal que debería presionar el peso hacia la devaluación está haciendo exactamente lo contrario. ¿Por qué? Porque Colombia mantiene un historial de pago que le permite financiar ese hueco fiscal con capital externo: bonos en el mercado internacional y extranjeros comprando TES en pesos. Ese financiamiento entra en dólares, se convierte en pesos, y termina apreciando la moneda.

A esto se suman otros dos motores: primero, la mejora en la percepción de riesgo país gracias a los anuncios del nuevo gobierno sobre ajuste fiscal, que atrae aún más capital golondrina; y segundo, las tasas de interés altas que el propio Banco de la República ha tenido que sostener para contener la inflación, tasas que también resultan atractivas para el capital internacional. Un tercer factor, de cosecha del gobierno anterior, es la obligación de que los fondos de pensiones repatríen parte de sus inversiones en el exterior, añadiendo oferta de dólares al mercado.

Pero el diagnóstico más incómodo de Villar es otro: buena parte de esta revaluación tiene su origen en decisiones de política interna: el salario mínimo subió cerca de seis puntos porcentuales por encima de la inflación en 2025, y en 2026 17. A eso se sumó una expansión fiscal que llevó el consumo público a crecer 11,5% en términos reales en el segundo trimestre del año.

El resultado de corto plazo es un espejismo atractivo: desempleo en mínimos históricos (8%) y un PIB creciendo 3,5% en el segundo trimestre, por encima de lo esperado. Pero ese exceso de demanda interna, financiado con gasto insostenible, no solo alimenta la inflación —que sigue duplicando la meta, rondando el 6%— sino que golpea con crudeza a nuestros sectores exportadores. Villar lo cuantifica sin rodeos: los salarios por hora de los trabajadores menos calificados subieron 28% en pesos, pero más de 50% en dólares. Ningún sector transable puede competir en esas condiciones.

Villar es enfático en descartar la tentación de “corregir” la revaluación con una política monetaria más laxa: eso solo alimentaría más inflación y hundiría todavía más la tasa de cambio real, que ya cayó 33% y toca mínimos de hace 15 años. El remedio no está en el Banco de la República sino en la disciplina fiscal del Gobierno Nacional. Una política monetaria prudente es necesaria, pero no basta si el gasto público y los ajustes salariales siguen empujando en dirección contraria.

Este es el mensaje más importante del discurso: la estabilidad macroeconómica no es tarea de una sola entidad. El Banco puede subir tasas, defender la meta de inflación y sostener el esquema de flotación cambiaria, pero si el Ejecutivo sigue gastando por encima de sus ingresos, el peso seguirá revaluándose, la industria nacional seguirá perdiendo competitividad, y la cuenta la pagaremos entre todos, cuando llegue el inevitable ajuste.

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