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David E. Santos Gómez

Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.

El cumpleaños de la potencia

Sería torpe achacar estos males a un solo bando, y más aún a una persona. La fractura social estadounidense es tan profunda que no pudo ser ocasionada por un único momento. Viene de atrás.

hace 2 horas
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  • El cumpleaños de la potencia

Por David E. Santos Gómez - davidsantos82@hotmail.com

Estados Unidos celebró sus dos siglos y medio de existencia en medio de un ambiente de tensión. Lo que pretendía ser una fiesta descomunal, con la participación de todos los territorios de la unión, terminó por ser algo más parecido a una feria estatal deslucida, organizada a la carrera, con poca asistencia. Para muchos, un motivo de burla. La Explanada Nacional en Washington, donde se organizó el evento, fue testigo de un festejo que, aunque debería ser nacional, cedió a la personalización de la celebración por parte de Donald Trump. Su apellido, su rostro y el fervor MAGA aparecieron en cada rincón.

Pero quizá lo más dramático de la conmemoración no es la forma. Es el fondo. El evento coincide con la brutal fractura social y política que atraviesa la nación. No deja de ser paradójico que la república fundada sobre la libertad, que se propuso como faro mundial de la búsqueda de la democracia, hoy sea criticada y cuestionada por una parte importante de su ciudadanía que duda del sistema y de su liderazgo.

El cumpleaños de la potencia llega en tiempos de polarización. Desde hace al menos una década, según encuestas del reconocido Pew Research Center, la mayoría de estadounidenses ya no consideran que su país sea un modelo a seguir. La representatividad de los partidos políticos es cada vez más limitada y la relación entre ellos pasó a ser una guerra continuada. El pueblo que debería celebrar el monumental logro de su unión está dolorosamente dividido.

Sería torpe achacar estos males a un solo bando, y más aún a una persona. La fractura social estadounidense es tan profunda que no pudo ser ocasionada por un único momento. Viene de atrás. Sin embargo, el papel en el desencuentro contemporáneo que ha jugado el actual presidente es protagónico. Desde su primera presidencia, en 2017, Trump hizo de la polarización el eje de su discurso. La definición de su movimiento y su manera de gobernar solo puede ser interpretada a la luz de un antagonismo radical que él, consciente, ha profundizado. La radicalización entre el “ellos” y el “nosotros”. Aún en sus discursos de celebración estuvieron presentes los ataques del presidente contra aquellos que no comulgan con sus ideas. Es la división como método de liderazgo.

Las banderas de las barras y las estrellas ondean en el país más poderoso del mundo como parte de una celebración orgullosa. Pero el nacionalismo se siente distinto que en otros momentos. Algunos incluso lo miran con desconfianza. Sienten que el republicano se ha apropiado de algo que debería ser de todos. Y aquí aparece una de las grandes preguntas que subyacen al cumpleaños de la potencia. ¿La polarización, entonces, es solo política o ya ha dado el salto al ámbito de lo cultural y lo moral? Porque una fractura de los valores conjuntos es mucho más compleja de subsanar.

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David E. Santos Gómez

Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.

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