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Columnistas | PUBLICADO EL 09 noviembre 2022

El Cristo de espaldas

Ojalá Petro rectifique lo que sigue proponiendo con desaforado populismo, como si la campaña electoral no hubiera finalizado. Que se responsabilice para comenzar a gobernar con sensatez.

Por Alberto Velásquez Martínez - redaccion@elcolombiano.com.co

Con la figura del Cristo sobreviviente de la conflagración del Palacio de Justicia en 1985, Petro, bajo la nave de la Catedral Primada en Bogotá, posiblemente oraba en silencio, sumido en su agnosticismo religioso. Asistía con los presidentes de las altas cortes de Justicia, colegas de aquellos magistrados que el M-19 incineró en total estado de indefensión hace 37 años, a la misa oficiada por las víctimas del holocausto. Meditaba quizás en la forma en que el Cristo parecía darle la espalda a sus proyectos económicos y sociales, con cifras desoladoras que dejaban por el suelo la credibilidad y confianza en sus promesas de campaña electoral. Una inflación irrefrenable que se devoraba los salarios de las clases medias y populares, y tasas de interés que pronosticaban más alzas para frenar la inflación con alto riesgo de asfixiar el sistema productivo.

Terminado ese acto, llamado de reconciliación con perdón mas no de olvido, el país comenzó a digerir los efectos del nuevo estatuto tributario. Y a retomar la discusión sobre la industria de los hidrocarburos. El gobierno vacila a través de tires y aflojes sin saber al fin de cuentas qué hará con la exploración petrolera. Olvida que la historia económica de Colombia – lo recordaba el exministro Carlos Caballero – ha encontrado en el petróleo y en el café los dos grandes productos de exportación desde hace cien años. Los dos motores para impulsar una economía que evitó, en momentos de las vacas flacas en las finanzas públicas y de anemia en sus divisas, devaluar más el peso frente al dólar. Cien años después, dice Caballero Argáez, Colombia en su economía sigue dependiendo en buena parte, quizás no tanto ya del café, como sí del petróleo.

Los precios del crudo están hoy muy atractivos en el mercado internacional. Colombia recibe del petróleo cerca del 40 % del total de sus exportaciones. Acabando de un solo golpe con la extensión de nuevos contratos de exploración, se va muriendo la industria petrolera. Al marchitarse sus ingresos, se vería obligada a recurrir a la banca internacional, pagando altos intereses en la amortización de la deuda, que se incrementaría debido a las alzas en el tipo de cambio que al paso que va, cada día se desboca más, corriendo el riesgo de chuparse los recursos destinados a los programas sociales.

Ojalá Petro rectifique lo que sigue proponiendo con desaforado populismo, como si la campaña electoral no hubiera finalizado. Que se responsabilice y ponga los pies sobre la tierra para comenzar a gobernar con sensatez y racionalidad. Que no siga jugando con candela porque de pronto el incendio destruye todos los programas encaminados a la equidad social que ha anunciado como objetivo principal en su gestión de gobierno. Y que no se vea obligado a escribir en sus memorias que el Cristo chamuscado por sus correligionarios en el Palacio de Justicia, le dio en la realidad la espalda.

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