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Duele que no duela

Lo que más duele de la corrupción, es que la conciencia social se ablande y aquel mal termine por no doler ni a los actores que incurren en esas conductas, ni a los demás sectores sociales, y lo que es peor, ni a la justicia ni a los órganos de control.

15 de diciembre de 2023
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  • Duele que no duela

Por Luis Fernando Álvarez Jaramillo - lfalvarezj@gmail.com

Son muchas las manifestaciones de la corrupción. Ésta, la gran pandemia moral del siglo XXI se ha extendido exponencialmente penetrando las distintas actividades públicas y privadas. El mundo de hoy parece querer llenar sus vacíos en materia de respeto de valores y principios, mediante la implementación de una extendida red de corrupción, capaz de permear todo tipo de actividades y toda clase de sociedades.

Además, hay una serie de variables culturales, sociales, y personales, que de alguna manera se convierten en fuente de abono para el fértil y doloroso campo de la corrupción. La desigualdad social, la heterogeneidad humana, la falta de formación personal, familiar y social, hacen que en general se diluya el concepto del deber moral, personal y social y se reemplace por la simple y escalofriante fórmula del “todo está permitido”, o la clásica frase maquiavélica de que “el fin justifica los medios” o la preocupante reflexión de algún gobernante nuestro, quien con desparpajo afirmaba que la corrupción era de recibo siempre y cuando se llevara a sus justas proporciones.

Pero lo que más duele de la corrupción, es que la conciencia social se ablande y aquel mal termine por no doler ni a los actores que incurren en esas conductas, ni a los demás sectores sociales, y lo que es peor, ni a la justicia ni a los órganos de control. Todos los días en todos los medios físicos y virtuales se presentan denuncias sobre malas prácticas de gobierno, inadecuado manejo de recursos, ilegal asignación de valores económicos y muchas otras conductas que tipifican el mal del presente milenio. Lo triste no es solo que ello suceda, lo más lamentable es la debilidad o ausencia de reacción. Ni el investigador, ni el órgano de control, ni la autoridad fiscal, y en algunas ocasiones, ni siquiera el juez, parecen ser sensibles a esta enfermedad. Los hechos se denuncian generalmente como una noticia para llenar renglones, pero con trascendencia limitada durante unas cuantas horas, cuando se le reemplaza con una nueva queja que alimentará el deseo de lectura de los asociados, pero que, también, muy pronto quedará en el olvido, opacada por una nueva información aparentemente escandalosa, pero con una duración limitada y un desarrollo investigativo generalmente sin resultados visibles.

En un lenguaje de corte popular, quizás no muy ortodoxo, nuestros abuelos afirmaban que es tan corrupto el “que peca por la paga, como el que paga por la peca”, hoy debemos agregar, que es aún más peligrosa la corrupción de quien siendo titular de un órgano judicial o de control, resuelve no adelantar las investigaciones hacia resultados concretos, o lo que es peor, dejarlas morir por prescripción o por vencimiento de términos.

Observamos con optimismo y esperanza, que la comisión de acusaciones de la cámara haya resuelto abrir investigación preliminar contra el presidente Petro, después de que la Fiscalía General de la Nación compulsara copias para que se indagara sobre la presunta financiación irregular de la campaña Petro Presidente.

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