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Ingeniero y economista con doctorado en Ingeniería, y doctorando en Historia Empresarial en la Universidad Autónoma de Barcelona. Director de ECSIM y profesor en varias universidades, ha liderado proyectos nacionales e internacionales —públicos y privados— sobre innovación, desarrollo económico y sostenibilidad. Para él, referente en pensamiento empresarial y prospectiva territorial, las ciudades nacen en lo local, pero su destino es el mundo. Solo al abrirse y conectarse logran desplegar su verdadero potencial y construir bienestar duradero.
Por Diego Fernando Gómez - opinion@elcolombiano.com.co
En el mapa de la Registraduría Nacional de “Votos por Territorio” se muestran en morado, los departamentos con mayoría votación por Iván Cepeda y en ocre aquellos en que ganó De la Espriella. El asunto grave es que se configuró en 75-25 a favor o en contra de los candidatos. Pasamos de una polarización a una fractura regional. ¿Sobrevivirá la Colombia de hoy? ¿Podremos construir una configuración que respete decisiones de cada región?
Antioquia construyó una sociedad desde unos valores éticos y colectivos basados en la libertad y la responsabilidad colectiva de los individuos. Esto terminó por configurar una economía y una comunidad bastante particulares. Las mayores empresas son de carácter público o colectivo por acciones: EPM, Bancolombia, Sura, Argos. A la vez, se construyó un esquema de relación laboral que terminó por denominarse el enfoque antioqueño de administración que expresaba una relación ética de trabajo conjunto entre inversionistas, gerentes y trabajadores (“La Teoría A”, Jaime Sicard y también en “Los hijos de las máquinas”, Charles H. Savage). Nuestro himno es toda una constitución. Una expresión de libertad, de amor a la tierra, de decisión de emprender camino y empresa,“...con el morral a la espalda” (estrofa XI).
Somos una sociedad que superó la dicotomía de lo público y lo privado, en la que, desde lo privado, se construye sociedad, bienestar e inclusión; y desde el Estado se lideran los bienes públicos que todos requerimos: seguridad, transporte, servicios, energía, conectividad.
Este arreglo social es el que permite que hoy sea la ciudad con el Gini y el índice de pobreza más bajos y la segunda con mayor ingreso per cápita, y que nos hallamos dotados de una poderosa infraestructura que nos proyectará al siglo XXI. Todo esto luego de una profunda crisis que tocó fondo en 2002 y de la cual nos recuperamos.
Sobre estos valores y estas capacidades es que hemos logrado tener un sistema de transporte integrado y unos servicios públicos de categoría mundial, mientras las otras ciudades del país y de Latinoamérica luchan por desatrasarse. Sobre estos valores retomamos nuestro futuro en Visión Antioquia Siglo XXI y los demás ejercicios de actualización desde 2010. son la consigna que nos ponemos para seguir adelante
Pero estas elecciones nos enfrentan a una fractura profunda. El suroccidente del país piensa su futuro distinto. La Colombia de Petro, sus impuestos, su corrupción, su burocracia, su asistencialismo, son una pesada carga que nos genera atraso, lentitud y falta de competitividad. En este cuatrienio se mostró más que nunca que Antioquia avanza, más a pesar de las limitaciones impuestas, que gracias al impulso que le brinda el Estado colombiano.
En estas circunstancias, el país debería ser consciente de que lograr mantener su integridad dependerá de reconocer las identidades de las regiones. Similar a las estrategias modernas de transformación económica, como la aplicada en China, deberíamos ser una zona económica especial de desarrollo a la que se le den las autonomías debidas.
Si otras regiones quieren construir su futuro sobre otros valores, visiones y concepciones de la sociedad y el Estado, que lo puedan hacer y ni nos lo impongan ni se lo impongamos, y marchemos separados. Un buen antecedente que coincide con el lugar donde se escribe hoy esta columna, es la Revolución de Terciopelo en la República Checa y Eslovaquia, en la que se separan amistosamente y de común acuerdo.
En las elecciones del 21 de junio, no estamos eligiendo gobernante, estamos eligiendo un camino. El tipo de país y sociedad que queremos ser. No bastará ganar; hay que votar masivamente si queremos que no se imponga la violencia de la “Primera Línea” que Petro tiene planeado liderar después del 7 de agosto.
Ingeniero y economista con doctorado en Ingeniería, y doctorando en Historia Empresarial en la Universidad Autónoma de Barcelona. Director de ECSIM y profesor en varias universidades, ha liderado proyectos nacionales e internacionales —públicos y privados— sobre innovación, desarrollo económico y sostenibilidad. Para él, referente en pensamiento empresarial y prospectiva territorial, las ciudades nacen en lo local, pero su destino es el mundo. Solo al abrirse y conectarse logran desplegar su verdadero potencial y construir bienestar duradero.