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Columnistas | PUBLICADO EL 11 junio 2022

De elixir de papas
a polvo de guerra

Desde esa casa esquinera en La Paz, Pizzi no habría podido sospechar que su experimento para aislar una las partes de una hoja desataría una de las guerras más largas de la historia.

Por Adriana Correa Velásquez
- adrianacorreav@atajosmentales.com

Hace siglo y medio llegó a una esquina del barrio San Agustín en la Paz, Bolivia, un farmacéutico italiano llamado Enrico Pizzi. Ese lugar se convertiría en la Botica y Droguería Boliviana y de su interior saldría uno de los polvos más celebres de la historia. Pizzi, en 1857, sería el primero en aislar el alcaloide principal de la hoja de la coca, la cocaína (Calvani, Sandro. La Coca). De ese mismo lugar saldría a la venta el Elixir tónico de coca, una bebida con propiedades medicinales cuyos mercados fueron París y Milán.

Seis años después, el químico Angelo Mariani dio vida a una preparación de coca al agregar extracto de vino y llamarlo Vin Mariani. Al furor del licor se sumó hasta el papa León XIII, tan adicto que otorgó a Mariani una medalla del Vaticano por su pócima.

Casi al tiempo, otro farmacéutico en Estados Unidos buscaba una cura contra su adicción a la morfina, a la que se había vuelto dependiente en su intento por aliviar el dolor de una herida de guerra. Así nació el Vino Francés de Coca de Pemberton, con su apellido en el título. Él convertiría luego ese néctar en la famosa Coca-Cola, cuya primera receta contenía extractos de hojas de coca y nueces de cola.

Pemberton quería inventar la “medicina final”. Para ello, se basó en las virtudes de la planta, narradas por los naturalistas que llegaron de América del Sur. En nuestro continente la coca ha sido usada por más de tres mil años. Las comunidades indígenas siguen confiando en ella como medicina y como planta sagrada para los rituales y la unión. Sus efectos sobre la regulación de la glucosa les permiten estar activos durante varias horas sin consumir alimento, así como para adaptarse a las alturas.

Las hojas de este arbusto contienen tal cantidad de vitaminas y minerales que se pueden comparar con el contenido nutricional promedio de cincuenta alimentos en la zona andina. Lo señaló así un estudio realizado por la Universidad de Harvard en 1974 (Davis, Wade. El Río).

Desde esa casa esquinera en La Paz, Pizzi no habría podido sospechar que su experimento para aislar una las partes de una hoja desataría una de las guerras más largas de la historia. El saldo en la lucha contra las drogas, solo en Colombia, arroja doscientos sesenta mil muertos entre 1980 y 2016, mientras que los consumidores de cocaína en el planeta son apenas el 0,0026 %.

En el país y el mundo nos apartamos del origen medicinal, ritual y nutricional de las hojas de coca para convertirla en sinónimo de cocaína. Al igual que el café, habríamos podido transformar esta planta en uno de los estimulantes más suaves y prometedores. Tal como lo dice Wade Davis tan bellamente en su libro Magdalena, la coca podría haber sido —tal vez llegará a ser— el regalo de Colombia para el mundo  .

Adriana Correa Velásquez

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