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David E. Santos Gómez

Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.

Cambio a presión

hace 2 horas
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Por David E. Santos Gómez - davidsantos82@hotmail.com

En medio de las amenazas de invasión, con despliegue militar en el Caribe y discursos con tono de ultimátum desde la Casa Blanca, el gobierno de Cuba ha decidido hacer la apertura económica más grande de su historia reciente. Le da la bienvenida a la banca privada, cortará de tajo ciertos subsidios y abrirá las empresas del Estado a particulares para que compren acciones. Ya en 2014, en medio del acercamiento entre Barack Obama y Raúl Castro, la isla impulsó cambios en su modelo fracasado, pero la transformación anunciada ahora por Miguel Díaz Canel es más radical. Es el reconocimiento del fiasco económico, político y social del sistema.

La situación de Cuba pasó de ser preocupante a calamitosa en los últimos meses. La isla, que venía malviviendo gracias al apoyo de la Venezuela de Nicolás Maduro, sufrió un golpe contundente con la detención del chavista a inicios de enero y el posterior discurso de Donald Trump contra cualquiera que intentara lanzarle un salvavidas al régimen. Sin petróleo y sin energía las débiles columnas del gobierno mostraron grietas insalvables. Los anuncios de una invasión por parte de Washington, que por momentos parecían inminentes, se congelaron por un tiempo tras la desastrosa aventura bélica de Estados Unidos en Irán. Sin embargo, con la espada siempre colgando sobre la cabeza de los líderes comunistas cubanos, los acuerdos por debajo de la mesa con la Casa Blanca empezaron a ser evidentes. El presidente y su gabinete ceden cada vez más con la esperanza de no caer.

El gobierno se comprometió a soltar el control de las empresas estatales y quedarse solo con aquellos sectores que le son estratégicos. Las compañías que empiecen a dar pérdidas serán cerradas. Se abrirá, además, la posibilidad de que cubanos residentes en el exterior inviertan en empresas de la isla. Esta última propuesta parece un claro guiño a los opositores que desde la Florida buscan regresar a su país. El gobierno también permitirá la creación de bancos privados y extranjeros. La moneda -se advirtió con dureza desde lo más alto de la jerarquía comunista- empezará un proceso de devaluación.

A pesar de que resulta una obviedad para el mundo entero que las modificaciones son el resultado de meses de presión insoportable, el presidente cubano insiste en que todo es el resultado de un “momento de madurez”. “De reflexión”. No se lo cree nadie. Después, en tono de angustia, definió el nuevo proceso como un hecho definitivo e histórico. “Es tiempo de cambiar todo lo que tiene que ser cambiado”.

Quizá, a pesar de la indudable profundidad de las transformaciones, la apertura no sea suficiente. Quizá el mea culpa haya llegado demasiado tarde.

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David E. Santos Gómez

Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.

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