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208 columnas

Hasta ahora la inspiración siempre ha llegado. Algunas columnas salen rápido, a veces en menos de una hora.

hace 2 horas
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  • 208 columnas

Por David González Escobar - davidgonzalezescobar@gmail.com

De pura casualidad, revisando fotos viejas, me di cuenta de que esta columna está a punto de cumplir cuatro años.

La primera salió publicada el viernes 11 de febrero de 2022 y, desde entonces, han sido más de 200 semanas consecutivas publicando. Si no me falla la memoria, solo una vez no hubo columna, pero no fue culpa mía sino del Viernes Santo, día en el que el periódico no circula.

Así, esta es la columna 208. Asumiendo una extensión de 550 palabras que, en promedio, me gasto, eso equivale a unas 114.000 palabras escritas acá: lo suficiente para un libro de unas 300 páginas en una edición de bolsillo.

Aunque, en realidad, son 208 columnas desde lo que se podría llamar “mi regreso” al periódico.

Me acuerdo muy bien de mi primera columna en estas páginas, y fue hace mucho más, en 2017: el artículo se titulaba De granjeros a cerdos, salió en la sección Taller de Opinión, abierta a universitarios, y lo firmaba un estudiante de Ingeniería Matemática y Economía de tercer semestre, de 19 años: yo.

Aquel primer artículo fue un análisis más bien mal logrado, basado en Rebelión en la granja de Orwell. Y aunque hoy, casi una década después, se hace difícil de leer, en ese momento me dejó con ganas de seguir: empecé a enviar a esa misma sección una columna mensual, luego cada dos semanas, y finalmente semanal, hasta ganarme —informalmente— un puesto fijo todos los sábados. Muy informalmente, pues nunca recibí remuneración y jamás, hasta abrir el periódico los sábados, me enteraba de si la columna saldría publicada o no. Tenía algo de suspenso.

Luego llegó la pandemia y, por un hecho lamentable en esa sección (culpa de un tercero que no vale la pena recordar), se acabó ese espacio y, con él, se suspendió mi presencia en este periódico. Perdí el hábito de escribir con constancia durante varios meses.

Hasta que conocí a Luz María Sierra en una tertulia que hago con varios amigos todos los lunes. Le conté por encima la historia y me dio la oportunidad de participar nuevamente como columnista invitado.

Desde entonces, esta es la columna 208.

Lo más difícil no es escribir, sino saber de qué. Muchas veces llega la hora de abrir Word los jueves en la noche y me quedo largos minutos mirando la página en blanco, haciéndome el loco, esperando que me entre el impulso de evadir la responsabilidad. Y entonces se me atraviesa una frase que, por algún motivo, se me quedó grabada: que el “mejor columnista no es el que escribe bien, sino el que cumple”.

Hasta ahora la inspiración siempre ha llegado. Algunas columnas salen rápido, a veces en menos de una hora. Otras se hacen interminables: pasan horas, reescrituras, varias vueltas.

Pero siempre sale algo.

La propia naturaleza de esta columna, casi siempre pegada a un tema actual, la hace propensa a lo que suele ocurrir con la coyuntura: que las ideas envejezcan mal. Pero la presión de que cae la tarde del jueves y se viene la hora del juicio trae un efecto colateral provechoso: disciplinar el consumo de información y tratar de cultivar un criterio que permita que, cuando llegue el momento de salir al tablero, uno tenga alguna opinión original sobre lo que todo el mundo está hablando.

Agradezco mucho a los lectores y a EL COLOMBIANO que me han dado la oportunidad de hacerlo. Aunque este oficio parezca, por tendencias externas que se sienten irreversibles, cada vez más cercano a marchitarse, aspiro, mientras me lo permitan, a seguir sumando columnas. 208 y contando.

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