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Por David Echeverri - opinion@elcolombiano.com.co
Durante años hablamos de inteligencia artificial como si fuera, sobre todo, una herramienta. Un chatbot, un asistente para redactar correos, resumir documentos o responder preguntas. Esa etapa no se acabó, pero ya no es la conversación más importante. La conversación importante hoy gira alrededor de los agentes.
No me refiero al bot de servicio al cliente, sino al software que no solo responde, sino que ejecuta. Busca opciones, compara proveedores, llena formularios, actualiza sistemas y toma acciones en nombre de una persona o una empresa. OpenAI lanzó Operator para completar tareas en computador autónomamente. Anthropic lanzó Claude Code para que agentes escriban y ejecuten código real. Visa prepara infraestructura de pagos enfocada en agentes y Google empuja estándares para “agentic commerce”. Esto dejó de ser idea de laboratorio.
Está naciendo una economía invisible porque no entra a una tienda, no llama por teléfono y no se sienta en una reunión. Pero empieza a estar en todas partes, filtrando opciones, organizando información y ejecutando procesos. Una nueva capa entre el humano y el mercado. Y eso cambia la forma en que funciona la competencia.
Hasta hoy las empresas compiten principalmente por atención humana, quieren ser vistas y elegidas por personas. Eso ya no alcanza. Cada vez más decisiones van a pasar por agentes que filtran proveedores, comparan opciones y ejecutan tareas por cuenta de otros. Las empresas ya no solo compiten por clientes, también empiezan a competir por la atención de los agentes.
Un agente no elige como elige un humano. No compra porque una página se vea elegante ni porque la marca le genere simpatía. Elige lo que entiende con claridad, lo que puede verificar fácil y lo que puede integrar sin ambigüedad. En ese contexto, la claridad deja de ser una virtud comercial y se vuelve infraestructura. Cómo describes lo que haces, cómo estructuras tu información o qué tan fácil es cotizarte sin depender de una llamada.
Ser visible para humanos ya no basta, también hay que ser operable para sistemas.
Eso también cambia la organización por dentro. El trabajo ya no se va a dividir solo entre áreas y personas, sino entre personas y agentes. Habrá equipos donde una parte importante de la ejecución la hagan sistemas y donde el valor humano esté en supervisar, decidir, corregir y responder cuando toca dar la cara. No solo van a cambiar las herramientas, sino el organigrama mismo.
Medellín debería prestarle atención a esto. Esta ciudad siempre ha tenido gente que sabe ejecutar, resolver y moverse rápido. Si entiende a tiempo esta nueva economía, puede construir empresas mucho más competitivas sin necesidad de inventar el próximo gran modelo de lenguaje. Pero para eso hay que dejar de ver la IA solo como una herramienta de productividad y empezar a verla como una nueva capa del mercado.
La pregunta no es si tu empresa usa inteligencia artificial. Es si está preparada para un mundo donde una parte creciente de las decisiones, las compras y el trabajo pasa por agentes. Muchas empresas siguen hablándole solo a personas en un mercado que cambió de interlocutor.