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¿Cuál es el costo de la libertad? Qué estamos dispuestos a arriesgar para defenderla una vez vencido el miedo.
Por Juan Carlos Manrique - opinion@elcolombiano.com.co
La libertad empieza cuando se vence el miedo y se busca la verdad, pero se prueba cuando hay que pagar su costo.
Esa idea me quedó dando vueltas después de que, en una misma semana, se cruzaran por mi vida dos hombres que en apariencia no tendrían nada que ver: Jürgen Habermas y Yuri Buenaventura.
Uno, filósofo alemán, falleció hace pocos días, defensor obstinado de la democracia deliberativa. El otro, músico colombiano, dueño de una voz capaz de convertir la herida en fiesta. Ambos terminan hablando de lo mismo: del miedo, de la libertad y del precio de defenderla.
Jürgen Habermas, considerado el gran filósofo de la Europa democrática. Fernando Vallespín escribió que “se nos va el único que nunca dejó de abrirse a la discusión con todos los grandes de su tiempo.” Máriam Martínez-Bascuñán lo resumió con precisión: lo que se pierde con Habermas no es una respuesta definitiva, sino a alguien que todavía creía que la pregunta valía la pena.
Dedicó su vida a una idea que hoy suena casi extravagante: que la democracia solo sobrevive si los ciudadanos conservan espacios para hablar, discrepar y argumentar sin coerción. Espacios de discusión libres y críticos.
No era ingenuidad. Era resistencia. En tiempos de gritos y cancelaciones, de batallas culturales y políticas, él siguió apostándole a algo mucho más difícil: la conversación honesta. Las preguntas incómodas.
Yuri llegó al mismo lugar por otra vía. Más desde la calle, la periferia, desde la piel y el alma. Tuve la fortuna de verlo la semana pasada. Contó en el escenario cómo nació la canción “El guerrero”. La escribió como un tributo a vencer el miedo: Muchos hemos crecido de la mano del miedo. Yuri también. No desde la curiosidad, ni desde la audacia, ni desde la libertad. Desde el miedo. Miedo a hablar, a equivocarse, a desobedecer, a salirnos del libreto. No necesitamos barrotes porque cargamos la celda por dentro.
Pero la libertad no se agota en vencer ese miedo. Ahí apenas comienza. La prueba verdadera llega después: cuando hay que asumir el precio de actuar desde la libertad. Decir lo que incomoda. Sostener una idea cuando convendría callarse. Innovar sin pedir permiso.
Por eso me impresiona tanto Yuri. Tan libre se volvió que se atrevió a hacer algo, que en otro habría sonado a sacrilegio: convertir “Ne me quitte pas” - “No me dejes”- en salsa romántica, cantada en francés, sin dejar de respetar el desgarro original. Hay que estar muy reconciliado con uno mismo para meterse con Jacques Brel. ¡Qué envidia! Luego su álbum “Herencia Africana” lo convirtió en el primer salsero en obtener un disco de oro en Francia.
Jürgen Habermas defendió la palabra libre. Yuri encarna el gesto libre. Uno desde la filosofía; el otro desde la música. Los dos entendieron que el miedo es el gran amigo para sobrevivir, pero es el gran enemigo para vivir libres.
La pregunta entonces es: ¿Cuál es el costo de la libertad? Qué estamos dispuestos a arriesgar para defenderla una vez vencido el miedo. Ahí se acaba la retórica. Ahí empieza la verdad. Ahí empieza la sonrisa plena. Ahí empieza todo.