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Recuperar el espacio público

Estoy convencido de que la oportunidad que se abre de consolidar un espacio público para el goce y disfrute de todos va mucho más allá de las restricciones o la satanización del grafiti.

27 de febrero de 2024
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  • Recuperar el espacio público

Por Daniel Duque Velásquez - @danielduquev

Hace un par de días, la Alcaldía de Medellín ponía en sus redes sociales una foto de antes y después alusiva a un puente de la ciudad. En el antes, aparecía el puente con varios grafitis; y en el después, el mismo puente pero pintado de gris cemento. “Estamos recuperando los espacios públicos”, decían con convencimiento en la publicación de X, antes Twitter. Esta escena, sumada al decreto que prohíbe el consumo de marihuana en los parques y a otro más que ordena la medida de toque de queda para los niños y niñas en ciertas zonas de la ciudad, me hicieron reflexionar sobre qué entendemos en la ciudad por “recuperar el espacio público”.

Sin duda alguna, la situación actual del espacio público en la ciudad es bastante preocupante: los equipamientos públicos (escuelas, escenarios deportivos, centros de salud, bibliotecas, parques, zonas verdes, etc.) se cayeron a pedazos; las calles se nos llenaron de residuos, los huecos pululan en las vías, varios sectores de la ciudad tienen hoy una iluminación deficiente: en unos lados son intermitentes, en otros lugares no funcionan, y en general muchas zonas que antes eran habitadas por personas de distintos orígenes y que servían como espacios que promovían una convivencia armoniosa, hoy se han convertido en espacios que dan sensación de inseguridad. Si bien Medellín siempre ha tenido problemas, el deterioro de los últimos años ha sido evidente.

Sin duda la recuperación o rehabilitación del espacio público es una necesidad imperiosa, pero para esto es fundamental resolver unas dudas que nos permitan identificar cuáles son los objetivos o las metas que se buscan. Yo por ejemplo, creo con firmeza que lo que deberíamos buscar como sociedad, es que los niños y niñas, las mujeres, los adultos mayores, las personas con discapacidad, los consumidores de sustancias PSA, y en general todas las personas, pudiéramos caminar con tranquilidad en la calle sin pensar que algo malo va a ocurrir. Quisiera también que los espacios públicos fueran pintorescos y se hiciera un trabajo articulado con los artistas callejeros, como se ha hecho antes, para que la ciudad no sea gris sino más bien una galería de arte urbano a cielo abierto.

El espacio público debe ser un lugar que potencie nuestra diversidad, un espacio de encuentro entre las distintas culturas que tenemos en la ciudad, donde la diferencia aflore, un lugar que se constituya en escenario de resolución pacífica de los conflictos que como sociedad siempre tendremos. Promover un espacio público que nos integre y no que nos divida debería ser el objetivo primordial del gobierno.

La posesión del alcalde Federico Gutiérrez tuvo como acto simbólico quitar las vallas que encerraban la plazoleta de Botero, ese mensaje es mucho más poderoso y asertivo que los decretos que prohíben o los trinos que celebran la pintura gris. Estoy convencido de que la oportunidad que se abre de consolidar un espacio público para el goce y disfrute de todos va mucho más allá de las restricciones o la satanización del grafiti. Abramos la conversación sobre el espacio público que queremos para Medellín, estoy seguro de que mucha gente está dispuesta a aportar.

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