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Cumplir los sueños al revés

Pienso en las lecciones que nos pueden dar estas mujeres a otras, cómo desafían sus entornos para sobreponerse a circunstancias adversas, cómo son capaces de reinterpretar sus vidas y sus vivencias.

30 de noviembre de 2023
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  • Cumplir los sueños al revés

Por María Luisa Zapata Trujillo - JuntasSomosMasMed@gmail.com

En Colombia, la situación de las madres adolescentes es una problemática que a menudo pasa desapercibida para muchos. Más allá de las estadísticas, lo que realmente impacta son las historias conmovedoras de estas madres que se enfrentan a la difícil tarea de cuidar a sus hijos sin contar con una red de apoyo sólida o, en algunos casos, con limitado acceso a oportunidades.

Recientemente, pude sumergirme en la realidad de las madres adolescentes de Cartagena gracias a la Fundación Juanfe, fundada por Catalina Escobar, una heroína de este país, y a la experiencia compartida con otras mujeres de Colombia y España. Mi participación en este encuentro se originó a partir de las reflexiones sobre liderazgo y modelos de impacto social que nos hacemos desde Comfama. Además de esto, lo que experimenté esa semana fue un regalo invaluable de comprensión de la fuerza de las mujeres y el compromiso que implica transformarse y hacerse cargo.

La semana estuvo marcada por historias de mujeres valientes que dejaron una huella imborrable en mi memoria. Estas historias no solo son relevantes para las madres adolescentes, sino también para todas las mujeres en el país que se enfrentan a diversas preguntas, retos y dificultades. Hoy, comparto estas vivencias en muchas otras conversaciones, y pienso en las expectativas que las mujeres a menudo cargamos. Pienso en la sororidad, esa solidaridad entre mujeres, como una herramienta para superar desafíos comunes; esta también debe animarnos a vivir la vida con mayor empatía y menos juicio por el camino de otras mujeres y el propio.

Recuerdo a Karennys, una mujer egresada de La Juanfe, con quien compartí una conversación reveladora, quien me afirmaba que ella contaba su historia como signo de haberla sanado. Cada mujer que conocí durante esa semana compartía su historia con plena conciencia de las emociones que le generaba, algo poderoso. Me pregunto qué podemos hacer más mujeres por contar nuestras historias y hacer el trabajo para sanar tantas cosas que quizás no hemos procesado.

Reconozco la responsabilidad de crear entornos donde las personas, especialmente las mujeres, se sepan seguras de procesar su propia historia, lo cual implica un compromiso para atravesar procesos internos, gestionar emociones y avanzar hacia un lugar donde se pueda contemplar la vida con nuevas perspectivas. Pienso en las lecciones que nos pueden dar estas mujeres a otras, cómo desafían sus entornos para sobreponerse a circunstancias adversas, cómo son capaces de reinterpretar sus vidas y sus vivencias, para crear sus propios tiempos, sin tanto juicio y con más respeto y compasión consigo mismas. Fue revelador oír decir a Karennys: “yo me di cuenta de que los sueños se pueden cumplir al revés”, cuando hablaba de que primero tuvo a su hijo y formó una familia, después logró estudiar y hacerse profesional.

Quiero que estas lecciones de vida nos inviten a crear entornos más comprensivos, comprendiendo que la vida de cada mujer es una historia valiosa en donde muchas veces debemos desafiar convenciones sociales que implican gestionar emociones con valentía para vivir una vida plena; incluso cuando el camino para lograrlo sea inusual.

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