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¿Cuánta espera es mucha espera?

Las cosas fluyen porque todos aquí tienen de sobra algo que en la ciudad hemos perdido: tiempo y paciencia.

hace 3 horas
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  • ¿Cuánta espera es mucha espera?

Por Sara Jaramillo Klinkert - @sarimillo

Me levanto tarde porque estoy de vacaciones y encuentro a un hombre sentado en las escalitas de la entrada. Dice que necesita hablar con mi novio sobre una cotización que le hemos pedido para cambiar el techo de la cabaña. Le digo que como ha salido a trotar seguro que se demora y me desentiendo de la situación. Desayuno, hago yoga, nado en el mar y cuando regreso el hombre sigue sentado en la misma escalita en la que lo dejé. Me asombraría su disposición a la espera si no la hubiera visto antes.

Vengo a menudo a esta zona y, como está tan aislada, no entra señal de celular, por lo tanto, algo tan simple como anunciar una visita o concretar un encuentro solo es posible a la antigua. Las cosas fluyen porque todos aquí tienen de sobra algo que en la ciudad hemos perdido: tiempo y paciencia. Un día pasó un pescador por la playa ofreciéndome unos peces que tenía y yo acepté, gustosa, imaginando el almuerzo. Me dijo que lo esperara mientras iba por ellos y volvió cuatro horas después cuando yo ya estaba angustiada pensando en cocinar otra cosa. Qué demora —le dije—. Ni que hubiera ido a pescarlos. «Es que fui a pescarlos», me respondió sin siquiera percatarse de mi sarcasmo. Como aquí tampoco hay acueducto y llueve muy poco el agua es extremadamente escasa. Hace muchos años conocimos a una zahorí que prometió venir a buscarnos aguas subterráneas con su péndulo. Todavía la estamos esperando, hasta tuve tiempo de imaginarla y escribir una novela sobre ella, aunque ni en la novela tuve paciencia y la zahorí sí llega, el problema es que, en vez de agua, encuentra otras cosas, pero ese es otro tema.

El caso es que estos días de descanso, con muchas horas muertas y nada de celular para llenarlas, he podido reflexionar acerca de la espera. Recordé a Vladimir y a Estragón en Esperando a Godot, quienes cada tarde ven llegar a un emisario que les dice exactamente lo mismo que les dijo el día anterior: «El señor Godot no vendrá hoy, pero mañana sin falta». La pregunta es: ¿Cuánta espera es mucha espera?

Creo que es tan malo tener la paciencia atrofiada al punto de no poder esperar ni un segundo para mirar una nueva notificación en el teléfono como malo es pasarse la vida esperando lo imposible para dilatar la toma de decisiones. Si erradicáramos la espera devaluaríamos el deseo y, aunque todos sabemos que las cosas fáciles y rápidas no se saborean igual que aquellas por las que hemos tenido que luchar y esperar, nos siguen tentando los atajos. Por eso funcionan las apps de citas, se venden títulos universitarios y libros de autoayuda con soluciones rápidas y por eso también pululan los charlatanes con curas mágicas para afrontar duelos, rupturas, enfermedades, aprendizajes, en fin, cosas que solo pueden lograrse con una inversión importante de tiempo.

Tal vez no se trata de esperar tan poquito como lo que esperamos para revisar una notificación, ni de esperar indefinidamente a Godot, sino de aprender a elegir mejor aquellas cosas a las que vale la pena invertirles tiempo de espera.

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