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No estamos en las discusiones globales

Este país requiere una profunda reforma política, de tamaño del estado, de progresión en el sistema tributario y un borrón y cuenta nueva en educación.

hace 47 minutos
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  • No estamos en las discusiones globales

Por David Yanovich - opinion@elcolombiano.com.co

Dario Amodei, el fundador de Anthropic, la compañía que desarrolló Claude, puso al mundo a pensar. En una carta abierta publicada hace unos días, hace un llamado a la humanidad, y particularmente a sus pares en el mundo de la IA, para que se modere el ritmo de avance de las capacidades que se han logrado hasta ahora.

La tesis: la auto mejora recursiva, es decir, la capacidad de que los modelos construyen la siguiente generación, avanza más rápido que posibles mitigaciones que se han desarrollado para manejar riesgos de estos modelos. Según Amodei, en un plazo de 6 a 12 meses, si no hacemos nada, la IA podría tomar control de internet. Podría significar un riesgo casi que existencial para la humanidad.

Para Colombia, lo triste de esta discusión es que no estamos en ella. El avance tan estrepitoso de la tecnología de IA desnuda enormes retos que enfrenta el país para siquiera tratar de tener un rol más o menos relevante en discusiones que da la humanidad.

Nada de lo que nos aqueja es nuevo, pero el auge de la IA es una alarma que obliga a repensarnos como país. Una economía sobre regulada, un sistema de educación público postrado en el pasado y sin discusión de los temas de vanguardia, gracias a unas garras sindicales que funcionan con incentivos perversos, un estado excesivamente grande que lastra la creatividad empresarial, un sistema tributario abiertamente regresivo, una corrupción heredada de décadas y exacerbada por los últimos cuatro años en donde saquearon el país, son apenas algunos de los temas estructurales que Colombia debe resolver si es que queremos estar medio insertados en o que se vislumbra como el futuro del planeta.

El sistema político colombiano tiene que despertar. Este país tiene sus días contados para la generación de riqueza, para sacar una población importante de la pobreza y para insertarse de manera real y seria en la economía global. Colombia es rico en recursos naturales, que se agotan, y cuyos ingresos deben invertirse de manera inteligente y con practicidad, entendiendo en lo que estamos y lo que viene. Y tiene talento de sobra que, desafortunadamente, se ha vuelto uno de los bienes más escasos porque mucho de ese talento migra hacia futuros más promisorios. Riqueza limitada, exportación de talento, además de una tasa de natalidad en franca decadencia, es una bomba de tiempo que, tarde o temprano, nos va a pasar factura.

Este país requiere una profunda reforma política, de tamaño del estado, de progresión en el sistema tributario y un borrón y cuenta nueva en educación. Más tecnología, menos burocracia sindical, más vanguardia y menos ideología trasnochada que ya está más que probada que no funciona para desarrollar una sociedad próspera y con bienestar. Sin una población bien preparada, con un estado austero y que permita el desarrollo intelectual, personal y empresarial de su gente, estamos caminando de manera lenta pero segura a una aún mayor irrelevancia global.

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