Pico y Placa Medellín
viernes
3 y 4
3 y 4
Por Carlos Enrique Cavelier - opinion@elcolombiano.com.co
Dice la gente, a través de encuestas o entrevistas, que sienten falta grande de esperanza en sus vidas en Colombia; que lo que ven a su alrededor no tiene un futuro claro, hay incertidumbre. Tal vez no solo sea en Colombia viendo el mundo lo que ha cambiado desde la pandemia y las guerras.
No, no es la primera vez, como tal vez lo he puesto en estas líneas, que los colombianos sentimos desesperanza. Hubo la de los abuelos con La Violencia y sus 300.000 muertos, casi siempre torturados; hubo la de la campaña de 1989 con tres candidatos presidenciales asesinados; hubo la del terror de Pablo Escobar, con carros bomba por doquier; hubo la de la crisis económica de 1998, con intereses del 60% y cientos de empresas en quiebra. Hubo la del Caguán con las FARC y sus 3.500 secuestros al año.
Y de todas hemos salido con aun mayor esperanza.
El Año Nuevo es el segundo símbolo de esperanza que nos da nuestra cultura. Para los cristianos, la llegada de Jesús en Navidad es la primera, y el Adviento es el periodo de espera que tenemos todos esos días de diciembre hasta el 24. La espera es una anticipación que crea en nosotros la esperanza. Y debemos tomar las dos fechas literalmente y construir el futuro en base a esa esperanza día a día, con ideas nuevas, en base a los ladrillos que hayamos puesto antes.
La esperanza también se construye: volvamos a Gandhi, “Tus creencias se convierten en tus pensamientos, tus pensamientos se convierten en tus palabras, tus palabras se convierten en tus acciones, tus acciones se convierten en tus hábitos, tus hábitos se convierten en tus valores, tus valores se convierten en tu destino.”
La esperanza es un pensamiento claramente positivo, y tenemos que inundarnos de positivismo. Las nuevas ideas vienen de ese pensar positivo. Claro, no es para negar los problemas de seguridad y salud que tenemos... ¿Pero dentro de nuestros entornos cómo podemos resolver esos temas que van más allá de nosotros? Siempre es claro que debemos enfocarnos en los problemas endógenos, los que podemos resolver nosotros, pero sabemos que la ingeniosidad del colombiano no tiene límites.
Y la esperanza como creencia, a partir del razonamiento de Gandhi, hay que convertirla en pensamiento, en acciones, en nuestro destino al final. Los pensamientos negativos, obviamente, no construyen; los positivos llevan a otros aún más positivos. De allí que partamos de la esperanza.
La esperanza para tener un país en paz. La esperanza para tener un país sin hambre. La esperanza para tener una mejor educación pública, etc., es poder tener una mejor vida y desearla para gente menos afortunada, ayudando. Esa es esperanza.
Una forma de esperanza se cita como el sentimiento que surge cuando se avecina una crisis y nos reta a nuevas oportunidades creativas. Y este momento en Colombia es uno de ellos.
La pregunta es si esas oportunidades están en lo político y porque allí tomamos el camino más corto que es emotivo. O si solo seguimos como corderos a la manada. Recordemos lo poderosos que son los sentimientos en la política según Thaler, Nobel de Economía y cómo estos anulan nuestra capacidad analítica. Tendremos que activar nuestra racionalidad para recuperar la esperanza.