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Columnistas | PUBLICADO EL 26 septiembre 2022

Caminos cruzados

Barranquilla, como todas las ciudades de Colombia, tiene aún retos sociales enormes, pero es necesario reconocer que están, en plural, haciendo una tarea fascinante y que la ruta que Medellín, les inspiró años atrás es la correcta.

Por María Bibiana Botero C.*

Lo hemos declarado: debemos mirar más allá de nuestras potentes montañas, conectarnos con Colombia, honrar y vivir nuestra colombianidad.

En días recientes estuvimos en Barranquilla con algunos empresarios antioqueños y el deseo de conocer de cerca lo que está pasando en esa ciudad del Caribe. Escuchamos al sector público, a las empresas e instituciones privadas como Probarranquilla. Al oírlos comprobamos algo que, aunque intuíamos, necesitábamos sentirlo: están en un buen momento, todos quieren con Barranquilla y esto se refleja en el desarrollo de la capital del Atlántico y sus habitantes.

La ciudad tiene hoy grandes obras de infraestructura pública, como el Malecón del Río; nuevos y renovados escenarios deportivos y espacios feriales de vanguardia, como el Pabellón del Río. Hay dinamismo en su desarrollo urbano y proyección internacional, tanto que la Fórmula 1 la considera como una buena sede para sus competencias.

Esto transciende el cemento: el presupuesto público pasó de $ 660 mil millones en 2007 a $ 4,5 billones en 2021 (Secretaría de Desarrollo Económico de Barranquilla). La inversión pública se multiplicó cinco veces en los últimos quince años y actualmente es la ciudad del país con mayor inversión por habitante (Manizales Cómo Vamos) —Medellín ocupa el cuarto lugar—. Su ingreso per cápita aumentó un 46 % en los últimos nueve años, y la pobreza cayó cerca de diez puntos antes de pandemia.

¿Qué ha hecho Barranquilla en estos años? ¿Cómo explicar esta época “dorada” en el desarrollo de la ciudad? Preguntas necesarias ante semejante transformación. Las respuestas que recibimos siempre conducían a un ejemplo, una inspiración, un modelo: “aprendimos de Medellín”. Cuánto orgullo y también cuánta nostalgia sentimos de algo que construimos y promovimos.

Hablaron de una Medellín en la que marcamos una ruta común, con una fórmula exitosa: trabajo en equipo entre los sectores público y privado.

Vimos funcionarios convencidos de la importancia de servir a la sociedad y no de servirse; empresarios orgullosos de su rol, de generar empleo y riqueza, conocedores del territorio y sus problemáticas, y que, con potencia, defienden su papel en la transformación social. Líderes institucionales empeñados, como único camino para el éxito, en movilizar y articular esfuerzos. Medellín los inspiró.

Sentir esos buenos vientos del Caribe nos pone reflexiones sobre la mesa y nos invita a retomar ese camino, definir nuevos sueños de región, priorizar apuestas productivas, buscar una sociedad más equitativa y justa en oportunidades; con la claridad en que para hacer que eso pase cada uno de nosotros debe sumar, porque no es delegable y tampoco aplazable. El futuro es ahora.

Sentir y vivir Barranquilla cerquita ayudó también a identificar otras formas de ascender en este modelo de desarrollo: énfasis en construir una ciudad ambientalmente sostenible, apostarle con rigor al turismo y ratificar la importancia que el sector privado tiene en los procesos de atracción y promoción de la inversión extranjera.

Barranquilla, como todas las ciudades de Colombia, tiene aún retos sociales enormes, pero es necesario reconocer que están, en plural, haciendo una tarea fascinante y que la ruta que Medellín, que Antioquia, les inspiró años atrás es la correcta.

Nuestros caminos están cruzados, encontrémonos.

* Presidente ejecutiva de Proantioquia.

Proantioquia

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