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Oriente Medio: nuevo objetivo de Pekín

hace 1 hora
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Por Beatriz de Majo - beatrizdemajo@gmail.com

Un muy retador tablero tiene frente si China ahora que las tensiones en Oriente Medio y el Golfo Pérsico deben amainar gracias al inicio de un proceso de paz cuya característica más resaltante es su fragilidad. Es que la guerra en Medio Oriente ha dado paso a un escenario que China considera demasiado importante para observar desde la distancia.

Mientras Estados Unidos tuvo que concentrar sus esfuerzos en contener la escalada militar y conducir las negociaciones que desembocaron en el alto el fuego, Pekín se preparó para ocupar un espacio diferente: el de la reconstrucción económica y la recomposición diplomática de Oriente Medio.

No es una iniciativa improvisada. China ha ofrecido apoyo financiero para la recuperación iraní, asistencia humanitaria al Líbano y ha manifestado su disposición a facilitar un nuevo acercamiento entre Teherán y los países del Golfo. La paz, para Pekín, representa una oportunidad estratégica tanto como un objetivo diplomático.

Detrás de este activismo existe una razón mucho más tangible que el altruismo. China importa cerca del 90% del petróleo que consume y Oriente Medio continúa siendo el pilar fundamental de su seguridad energética. Al mismo tiempo, alrededor del 90% de las exportaciones petroleras iraníes tienen como destino el mercado chino. La dependencia es mutua y convierte la estabilidad regional en un interés nacional para ambas capitales.

Pero Pekín aspira a mucho más que garantizar el suministro de hidrocarburos. La reconstrucción ofrece contratos de infraestructura, expansión de empresas chinas, acceso preferencial a nuevos proyectos industriales y una influencia política creciente en una región donde Estados Unidos ha sido durante décadas la potencia predominante. Es la conocida estrategia china de convertir la cooperación económica en influencia geopolítica.

No obstante, China sabe que debe caminar sobre una cuerda floja. Una identificación excesiva con Irán pondría en riesgo sus excelentes relaciones con Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y otros productores del Golfo, socios igualmente indispensables para abastecer su economía. Por ello procura presentarse no como aliado de un solo actor, sino como un interlocutor aceptable para todos. Esa imagen de mediador ya le permitió facilitar el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Irán y Arabia Saudita en 2023 y ahora pretende profundizar ese papel.

Washington observa esta evolución con creciente desconfianza. La Casa Blanca había moderado en las últimas semanas algunas de sus presiones sobre China para evitar abrir simultáneamente un frente comercial mientras gestionaba la crisis en Oriente Medio. Sin embargo, comprobar que Pekín pretende capitalizar políticamente el escenario de posguerra difícilmente será recibido con indiferencia.

Desde la perspectiva estadounidense, la ayuda económica china no constituye únicamente un programa de reconstrucción. Es también una plataforma para ampliar su presencia estratégica en una de las regiones más sensibles del planeta y reducir progresivamente la influencia norteamericana mediante inversiones, infraestructura y dependencia financiera.

Nos encontramos, por tanto, ante una nueva modalidad de competencia entre las dos grandes potencias. Ya no se libra exclusivamente mediante aranceles, restricciones tecnológicas o rivalidades militares. También se disputa financiando carreteras, puertos, refinerías y hospitales, lo que se traduce en mayor y mejor influencia política.

La reconstrucción de Irán, el respaldo al Líbano y la diplomacia hacia los países del Golfo forman parte de una misma ecuación: China intenta demostrar que la paz puede convertirse en un instrumento de poder tan eficaz como la guerra.

Allí precisamente reside el desafío para Washington. El próximo gran capítulo de la rivalidad chino-estadounidense podría escribirse no en las mesas de negociación comercial, sino en la capacidad de cada potencia para transformar la reconstrucción de Oriente Medio en una fuente duradera de influencia estratégica.

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