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Los silencios de China

Pero no es esta la única ocasión en que frente a un mundo estremecido por eventos particularmente cáusticos y, en especial, en el terreno de los derechos humanos, el gigante de Asia guarda silencio.

26 de febrero de 2024
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  • Los silencios de China
  • Los silencios de China

Por Beatriz de Majo - beatrizdemajo@gmail.com

El asesinato del dirigente Alexéi Navalny en manos del régimen de Vladimir Putin tiene al mundo consternado. Solo China, dentro del equipo de los grandes, ha hecho mutis. Pero no es esta la única ocasión en que frente a un mundo estremecido por eventos particularmente cáusticos y, en especial, en el terreno de los derechos humanos, el gigante de Asia guarda silencio. Para los voceros de Pekín haber segado la vida de un activista y detractor del gobierno, como fue el caso Navalny, es solo un tema político interno ruso sobre el cual no es posible ni expresarse ni intervenir. La argumentación de Pekín no ha podido ser más tibia y ambigua en un momento en el que las naciones libres reclaman posiciones contundentes. Según sus autoridades, la vocación de China es la de servir como “estabilizador”.

Es tradicional que los líderes chinos no deseen comprometer al país con temas que requieren de posiciones inequívocas. En eso consiste su neutralidad. En la Conferencia cumbre de Seguridad de Múnich celebrada hace pocos días, Wang Ji, el ministro de Relaciones Exteriores que al mismo tiempo funge de miembro del Buró Político del Partido Comunista, usó la vocería de su país para dejar claro cuatro puntos de su visión en cuanto a ese rol estabilizador que China estaría llamada a jugar en la escena global.

El primero es que China deberá comportarse como un gran promotor de la cooperación. En segundo lugar, le corresponderá a su país lidiar y, sobre todo, resolver asuntos espinosos dentro de la comunidad internacional sin interferir con el derecho de cada país a establecer su propia ruta y sin imponer sus criterios, al tiempo que atiende tanto las manifestaciones como las causas de los problemas. En tercer lugar, su país se esforzará en conseguir que en el mundo se instaure una gobernabilidad global a través de la colaboración y la solidaridad dentro del sistema de Naciones Unidas que dicen respaldar. Por último, China ha de ser la fuerza que impulse el crecimiento y la expansión planetaria. El representante de la gran potencia en esta magna conferencia sobre seguridad jugó el juego de las medias tintas sin atreverse a asumir una posición clara en torno a ninguno de los temas que se dilucidan dentro del espectro universal y que requieren de definiciones. Sin duda uno de los más importantes y actuales es el de la represión.

Lo cierto es que esta posición evasiva de Pekín de cara al mundo lo que hace es reforzar su alianza con Moscú, un contubernio que viene manifestándose con fuerza con ocasión de la invasión militar de Ucrania. Las sanciones norteamericanas de cara a la Rusia de Vladimir Putin han sido de enorme calibre en esta ocasión, sin hablar del manifiesto desacuerdo de la Unión Europea que ha considerado al régimen de Putin el único responsable del trágico deceso del opositor Navalny. Otro tema de la coyuntura en el que China se pone también de perfil es la guerra de Israel y Hamás. Su posición oficial se ha centrado en expresar amplia preocupación por el conflicto y sus consecuencias humanitarias. No mucho más que eso ha sido expresado por sus voceros.

Todo lo anterior derivaría- dicen los entendidos en la cultura china- de una ancestral visión de la responsabilidad histórica del gigante asiático. Pero pretender que ello es útil a alguna causa es una gigantesca equivocación.

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