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Por Andrea Londoño Sánchez* - Hablemos@trabajodomestico.org
El reciente escándalo por denuncias de presunto acoso sexual contra periodistas en Colombia nos lleva a un lugar donde esta conversación casi no existe: el trabajo doméstico. Lo primero: solidaridad con las periodistas.
“MeToo” (“Yo también o A mi también”) es una expresión mínima que detonó una conversación enorme y en desarrollo.
Si esto ocurre en empresas con estructuras formales, cabe preguntarse: ¿qué pasa en las casas?
En el trabajo doméstico:
· No hay departamentos de recursos humanos.
· No hay canales de quejas o denuncia.
· No hay mecanismos de información.
· No hay testigos.
· No hay compañeras de trabajo.
· Y la informalidad laboral —que ronda el 80%— agrava todas estas condiciones.
En las casas, cuando se presenta una situación de violencia laboral, lo más frecuente es el silencio, no la denuncia. De ahí el subregistro.
La renuncia de la empleada es la forma más frecuente en que una trabajadora enfrenta una situación de acoso o violencia basada en género - VBG.
El despido suele ser la forma en que una empleadora “resuelve” una queja o una señal de alerta.
En ambos casos, el resultado es el mismo: se entierra la posibilidad de nombrar, sancionar y reparar un comportamiento laboral indebido.
Las cifras ayudan a dimensionar el problema. Según la Defensoría del Pueblo, 6 de cada 10 mujeres periodistas han sufrido violencia de género en Colombia.
En el trabajo doméstico no hay cifras precisas, pero sí una evidencia inquietante: si cerca del 79% de los casos de violencia de género ocurren en las viviendas, esas viviendas son también los lugares de trabajo de miles de empleadas domésticas.
En abril de 2025, la periodista Emma Jaramillo escribió en El País: “La violencia sexual contra las trabajadoras domésticas, un capítulo oculto de la historia colombiana”. Allí, Claribed Palacios, presidenta de UTRASD, recordaba el hermetismo: las historias existen, pero no llegan al conocimiento público.
Este 30 de marzo, Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, es una oportunidad para ampliar la reflexión. No solo para reconocer simbólica y materialmente su labor, sino para preguntarnos qué estamos haciendo —o dejando de hacer— para garantizar entornos dignos y seguros.
Hagámonos preguntas difíciles:
¿Estamos garantizando que las casas sean espacios seguros?
¿Estamos dispuestos a escuchar una queja?
¿Tenemos la sensibilidad para detectar señales de una conducta indebida dentro de nuestro propio hogar?
El “MeToo” abrió una conversación en sectores donde parecía imposible hablar. ¿Podemos imaginar un #YoTeCreoEmpleada?
Es urgente este diálogo incómodo, y empieza por mirar hacia adentro de nuestras casas.
*Directora Hablemos de Trabajo Doméstico.