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Columnistas | PUBLICADO EL 11 junio 2022

Amanecerá

Respeto a los que ya tienen claro su voto, pero no puedo creer que nada los haga dudar. Miro con asombro que los arropa el mismo fanatismo que tanto criticaban y que del candidato que eligieron nada los asombra.

Por Julián Posada - primiziasuper@hotmail.com

No para de llover, el sol dejó de salir hace ya rato, acaso estos días grises y lluviosos serán una visión premonitoria del futuro próximo, de los años que se avecinan, en los que no importa quién gane y los otros, como en un video de esos que circulan o en un trino del alcalde suspendido, invitan a destrozar a su contrincante. No me convence ni el uno ni el otro de los candidatos y creo que tampoco el voto en blanco. Lo confieso, cada día que pasa doy tumbos. Después de creer en el centro como opción viable, aquí estoy titilando entre los tres ¿extremos...? Al final, y después de tanto pelear contra una figura política, terminamos atrapados en lo que tanto y tantos criticaron, dos orillas populistas irreconciliables.

Quisiera teletransportarme, como el capitán Spock de Viaje a las estrellas, a otro lugar de la galaxia o viajar en la máquina del tiempo hacia otro territorio y despertarme en el futuro, cuando todo esto que estamos viviendo sea solo un recuerdo. Quisiera que alguien venido del mañana me contase cómo estaremos en cuatro años, ojalá sea cierto que por alguna de las dos vías propuestas logremos estar algo mejor y superar tantas desigualdades. Me causan risa los que afirman que un candidato es más rabioso que el otro; para cada descalificación de uno hacia su opositor existe una prueba irrefutable de parte de su contraparte. Todos, sin excepción, dan vergüenza, fastidian. Repugnan las grabaciones de lo que ya sabíamos, asustan las amenazas, espanta esta campaña tóxica. Quisiera que votar en blanco fuese útil. Nunca he votado en contra de nadie ni de nada, siempre lo he hecho por convicción, no quisiera hacerlo de otra manera ahora. Nunca he pensado si le voto al ganador o al perdedor. ¿Será que por primera vez me convierto en abstencionista?, ¿será que iré a votar pintando bigotes a los candidatos sobre el tarjetón para que me anulen el derecho que la Constitución me otorga?

Nunca como hoy había sentido tal incertidumbre, nunca como hoy me había costado tanto enfrentarme a una urna. Hay ahí más pasado que futuro, hay ahí más dudas que ideas. Respeto a los que ya tienen claro su voto, pero no puedo creer que nada los haga dudar. Miro con asombro que los arropa el mismo fanatismo que tanto criticaban y que del candidato que eligieron nada los asombra.

A propósito del temor que sentimos los perdedores por expresar nuestra opinión, que, seguramente, será demolida por muchos, dice Adela Cortina en una nota para El País de España: “Lo más curioso es, sin embargo, que los inquisidores se valen de una supuesta superioridad moral; recurren a ese ancestral instrumento que es la vergüenza social”. Continúa ella: “Lo cierto es que quienes se creen moralmente superiores demuestran con ello que no entienden qué es lo moral y hacen imposible la democracia”. Amanecerá...  

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