x

Pico y Placa Medellín

viernes

2 y 8 

2 y 8

Pico y Placa Medellín

jueves

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

miercoles

4 y 6 

4 y 6

Pico y Placa Medellín

martes

0 y 3  

0 y 3

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

1 y 7  

1 y 7

¿Quién nos hizo creer que no era grave?

hace 1 hora
bookmark
  • ¿Quién nos hizo creer que no era grave?

Por Amalia Londoño Duque - amalulduque@gmail.com

La primera temporada de la serie The Morning Show cierra con una imagen: la señal de un noticiero se interrumpe, la pantalla se congela, y la cámara se detiene en la cara de un hombre que acaba de entender que el mundo ya no está dispuesto a hacerse el ciego. Mitch Kessler, un presentador “encantador” y arrogante, como muchos que conocemos los que hemos trabajado en los medios.

Se queda solo en cuadro, sin micrófono, sin set y ahí se acaba.

Yo no esperaba verlo más en la serie porque ya lo habían dejado descubierto, pero en la segunda temporada sigue ahí y supongo que es el mejor retrato de la realidad, porque en la vida real, los acosadores también siguen ahí, en sus tronos, con su poder y a pesar de las denuncias en su contra.

Así funciona.

Al menos en Latinoamérica, los datos de la FIP han podido demostrar lo poco protegidas que estamos las mujeres, con un 85% de casos en empresas periodísticas en los que no se han tomado acciones tras denuncias de acoso.

¿Para qué denunciar?

Los mensajes que responden a los testimonios de periodistas que han decidido hablar en los últimos días dejan ver lo cortos que somos cuando vemos una situación de abuso:

“Diga el nombre de su abusador”, decían unos.

“Usted se veía feliz en las fotos con él”, aseguran otros.

“¿Por qué se demoraron tanto en denunciar?”, alcancé a leer.

Y por todo eso, durante muchos años, muchas de nosotras pensamos que no vale la pena hacer una denuncia sobre un caso que no haya llegado muy lejos, pero ahora que las leo a todas, pienso: ¿quién me hizo creer que lo que nos pasó no era grave?

Me incluyo porque a mí también me pasó. Todos esos testimonios que he leído me hacen regresar a la situación vergonzante y dolorosa que viví con un presentador, tenía 27 años y él podría doblarme la edad en ese momento.

Elegí, casi inmediatamente, eliminar ese momento de mi mente (pero es de esos que uno quiere olvidar y no se van), quise pensar que nunca pasó, le resté importancia al acoso: al manoseo forzado, desagradable y sin consentimiento que después me hizo vomitar cuando llegué a mi casa.

¿Para qué?, pensé.

Y para ser honesta, aún queda mucho de ese “para qué” en mi mente, sobre todo porque sé que, como en la serie que referencié al principio de esta columna, probablemente sigamos viendo a esos personajes en la pantalla después de un tiempo, como si nada, tras sus luces, sus cámaras y su poder.

En esos momentos uno se paraliza. Debo confesar que nunca pensé en denunciar, jamás se me pasó por la cabeza porque era (no sé si sigue siendo) obvio que el sistema no protege, sino que expulsa, y en un camino de crecimiento profesional, todos le tememos al bloqueo laboral o las vacas sagradas intocables de las que no se puede decir nada malo.

Margaret Atwood escribe una idea que atraviesa todos sus libros: el poder no necesita que las mujeres estén de acuerdo con su sometimiento, solo necesita que aprendan a callarse.

A ella la han citado mucho por una frase de El cuento de la criada, pero yo creo que en todo lo que escribe hace referencia al silencio como supervivencia y sugiere algo que es verdad entre nosotras:

No era el amor lo que nos hacía fuertes. Era el miedo.

Y para serle fiel a esa idea, hoy escribo esta columna.

Gracias a las mujeres que sí denunciaron. #Yotecreocolega

Sigue leyendo

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD