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El libro eterno

El médico Luciano Vélez ha hecho un valioso aporte a la literatura infantil alrededor de la máxima obra de la literatura española.

hace 1 hora
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  • El libro eterno

Por Alberto Velásquez Martínez - opinion@elcolombiano.com.co

El Quijote es una obra que no tiene edad para leerlo. Sus aventuras, sus refranes, sus mensajes son atemporales, calan en las mentes de niños, adultos y ancianos. Es una filosofía de la vida y del comportamiento humano. Ha resistido el paso del tiempo y cada vez despierta más curiosidad, más admiración, más pasión por sus sentencias y consejos que calan el alma humana sin importar su condición social, sus edades, sus culturas.

Abundan los textos que han seducido la curiosidad infantil. Recordamos en especial la reedición escolar de la Real Academia Española, elaborada por Arturo Pérez-Reverte, y el de Antonio Mingote, el genial ilustrador y caricaturista español. Fueron los primeros regalos que este columnista les dio a sus nietos.

Pero faltaba el aporte de la Antioquia quijotesca a la literatura infantil. Apareció el médico Luciano Vélez, quien ya había editado “Refranes y temas de salud en el Quijote”, para sumarse a los que en España trazaron la sicología y siquiatría del otro yo del Manco de Lepanto.

Luciano Vélez ausculta con las pinzas del buen galeno la obra cervantina, para ponerla al alcance de los niños. Recorre, en lenguaje sencillo y traducido para su comprensión infantil las aventuras, los sitios, los amores, los delirios de ese peregrino de la bondad, de la ironía, de la libertad y la justicia. Con estilo llano, hace la historia comprensible, aborda sus más sonadas y locas aventuras y sus más seductores pasajes y paisajes al alcance de los infantes. No deja de lado el humor, que también es patrimonio infantil, y los dichos y refranes salidos del caletre no solo del personaje que “de tanto leer y el tan poco dormir se le secó el seso”, sino de la boca de su fiel y auténtico amigo Sancho, relatos que despertarán no pocas carcajadas entre los precoces lectores de la obra.

A no dudarlo, los niños en su curiosidad infantil, y con ellos los padres, se sentirán atraídos de leer, los consejos de don Quijote a Sancho para administrar la Ínsula de Barataria. Les enseñarán a ser pacientes cuando las cosas van mal, pero ser felices cuando van bien. Aprenderán que la virtud es perseguida por los malvados y amada por los buenos. Y que un diente –y seguramente se echarán a reír– es más valioso que un diamante. Y comenzarán a meditar cuando lean que “la verdad es muy fina porque nunca se rompe y siempre emerge por encima de las mentiras como el aceite flota en el agua”.

El médico Luciano Vélez ha hecho un valioso aporte a la literatura infantil alrededor de la máxima obra de la literatura española. Le deja como lección a la niñez que, si bien puede ser seducida por las redes sociales, no se debe dejar atrapar por ellas y vaya comenzando a transitar por la literatura que es –y sigue siendo– no solo el insustituible alimento del espíritu, sino la mejor herencia que se le puede dejar a las generaciones que se empiezan a formar en esta parte del continente, tierra entera que, según Germán Arciniegas, nació entre libros.

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