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Columnistas | PUBLICADO EL 29 julio 2021

Adiós en quechua

Por Óscar Domínguez Giraldooscardominguezg@outlook.com

Cuando empezó a actuar como Carolo, la humanidad olvidó su nombre de pila, Gonzalo Caro Maya, hijo de María Ofelia y Carlos Enrique, sus amados Electra y Edipo, a quienes despidió en pandemia.

Rebelde con y sin causa, no nació para el anonimato. Para muestra este botón: Ejerció el insólito oficio de catador de marihuana en Holanda, pagado por el gobierno de ese país. “Estás despedido”, le dijeron.

En tercero de bachillerato predicaba, Rousseau en mano, que el hombre nace bueno pero la sociedad se lo tira. Fuera con el revolucionario.

Intentó economía en la Universidad de Antioquia. Nada. Finalmente, se graduó en la Universidad del Salón Versalles.

El resto vino por añadidura: su festival de Ancón, la revista-cadapuedario El Pellizco, y su condición de Brigitte Bardot de Anorí, donde nació, por su defensa de los animales y del medio ambiente.

Lo entrevisté con motivo de los 50 años del Ancón. Una apendicitis lo sacó de la pasarela vida. Estos son apartes de la charla:

¿Quién era Carolo a los 22 años cuando organizó el festival?

Era un camellador. Desde niño me ganaba mi platica vendiendo minisicuí y cofio en la escuela.

¿Quién es el Carolo de hoy?

El mismo rebelde de antes, pero con 50 años más encima y con la satisfacción de haber logrado quitarnos de encima las cadenas de la camándula, de haber confrontado el sistema, las estructuras y las oligarquías opresoras para conseguir la justicia y la liberación social, la defensa de los derechos humanos, la equidad de género y el despertar de la juventud.

¿Lo malo del festival?

Lo malo es que después de 50 años hay periodistas que no han avanzado nada y vienen a condenar y denigrar de Ancón, cuando la gente saca pecho echando el cuento de que estuvieron, o que comulgan con las ideas de Ancón. Después del festival me fui a andar y viajar por muchos países viviendo del cuento sin tener que lavar platos, pisos, o llevarle encomiendas a un patrocinador; Ancón me convirtió en un embajador.

¿Es usted mejor que antes?

Pues creo que sí con la experiencia y conocimientos acumulados a lo largo del tiempo; lo que me hace falta es el curso de alfabetización digital.

¿Se queda con el Carolo de hoy o prefiere el de antes?

Me hace falta la vitalidad de la juventud; eso en la parte física, porque en la mental sigo teniendo ideas rebeldes y juveniles.

¿Cómo anda su proceso de beatificación?

Hermano, el proceso de beatificación te lo envío el sábado. En este momento se me agotó el combustible y quien me está digitando debe partir.

Despido a Carolo con la única palabra en quechua que conozco: Tupananchiskama: hasta que la vida nos vuelva a encontrar

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